Publicado en Proyecto Sacheto

La Vuelta al Heidelberg en 80 minutos (y V)

Tras su paso por recepción, la expedición continuó sin problemas. Tanto patios como aulas se rendían al implacable avance de los expedicionarios. Tras una memorable travesía, los minutos comenzaban a escasear, pero la travesía estaba a punto de culminar. Desde la ventana del Reform Club, la asustada Aurelia observaba como el orgulloso Nicolás se acercaba junto a sus compañeros a la puerta del local. Los segundos pasaban. Y en ese momento…

  Apenas faltaban unos momentos para entrar. Un hombre se interpuso delante suyo.  Los rizos castaños le caían por la frente, los ojos de bronce se erguían amenazadores entre una ropa de etiqueta.

  -¿Qué haces ahí? ¡Quítate! -le interpeló Foh, intentando abrirse paso.

  -¿Es usted el Sr. Willy Foh? -respondió el hombre, impertérrito.

  -¡Sí, soy yo!- se exasperó Foh. -¿Algún problema? ¿Me va a dejar paso de una prostituta vez?

  -Me temo que no – el hombre, repentinamente, desenfundó una pistola. -Agente Fix. Queda usted detenido por…tráfico de drogas. -La aguda actuación de Fix evitó que el leve titubeo se hiciera destacar excesivamente.

  -¿Qué? Imposible, déjeme pasar de una vez.

  -Si no tiene otro argumento, me temo que voy a tener que detenerlo.

 -Un momento, agente -llegó salvadora Gertrudis -¿Podría mostrarnos su orden de detención?

  -¿Qué? -Fix perdió la calma -Ah, sí, claro… Tengo que ir a buscarla; me la he dejado en coche.

  -Sí, claro, usted vaya -Nicaporte redobló el ataque hacia el árbol casi caído. -Pero no se olvide de traerla; las denuncias por suplantación están muy en alza últimamente.

  Fix desapareció, el reloj no sonó y Aurelia, desesperada, tuvo que pagar lo apostado.

 

  -Bueno, Nicaporte -dijo Willy, contando los billetes -, ¿sabes lo qué he aprendido de esta vuelta?

  -¿Que caminar da mucha hambre? -contestó meloso, desenfundando su arsenal de chocolatinas.

  -Exactamente -respondió Willy, antes de fijarse en la desmesurada cantidad de bollería que su criado extraía. -¿Te vas a comer todo eso tú, obeso mórbido?

 -¿Todo eso? No has visto la cantidad que llevabas tú -replicó Nicaporte.

  Lo que siguió después fue una interesante discusión de alta literatura castellana e innumerables caricias cuales amantes, pero eso, por inexplicables motivos, no nos merece la pena contarlo.

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