Publicado en Proyecto Sacheto

Guerra y Paz

 -Me niego, señor. No le voy a permitir tal cosa.

        Incluso con la educación que era característica en ella, Jain Savic, la ministra de diplomacia, nunca se amilanaba ante su rival del Estado Mayo, Okor Aladia. Algunos cortesanos, curiosos, se arremolinaron en la puerta para contemplar la mirada burlona que el exgeneral le dirigía desde su palmo de superioridad.

  -Y yo me temo que no voy a complacerte. Son órdenes del emperador, señorita.

    Jain calibró si merecía darle una cachetada, antes de valorar que sería ensuciar la alfombra de sangre de su mejilla. Echó de menos sus queridos tacones carmesís, le habría encantado pisarle accidentalmente .

  -Estoy casada y tengo una hija, así que me temo que aquí el único señorito es usted-Ante tal afirmación, los presentes no pudieron reprimir una carcajada. Okor la miró con furia. -Y si tanto problema hay, ¡qué venga el emperador a decírmelo en persona!

  -Con gusto -Antonio, con su regia corona encima, se abrió paso entre una multitud silenciosa, que desconocía que les había estado observando y tenía miedo de haber cuchicheado algo inconveniente. Fanni, intentando que nada rozara su ceñido vestido, avanzó con más lentitud. -Jain, Mitarch exige la guerra. La razón de estado prima sobre cualquier otra, incluida la tuya.

  -Si eso pensáis, os ruego que aceptéis mi dimisión. No puedo trabajar firmando paces de dos semanas.

  El emperador suspiró. A pesar de su mordaz lengua, Savic llevaba 18 años de indiscutida diplomática y, aún tras un quinto de siglo, pocos soñaban con tener la pericia que aquella mujer de 37 años derrochaba..

  -No te la acepto. Igual declararé la guerra hoy que firmaré la paz mañana.

  -¿Pretende usted hacerme creer que mi opinión no vale nada?

  Antonio buscó otras palabras para expresarlo, pero Okor, habiendo descubierto el talón de Aquiles de la diplomática:

  -¿Y tú vas a seguir negociando con esos indeseables?  ¿He de recordarte lo que te hicieron hace 3 años? Aún se te sigue notando en…

 -Lo que le pase a mi cuerpo, a menos que intentes violarme, de lo que te veo capaz, es mi problema.

 La sala quedó en silencio por unos instantes, antes de que el indignado exgeneral prosiguiera.

  -Pero… ¿es esto…

 -Majestad -Fanni tiró de la mano del emperador como una niña pequeña rogara a su padre un juguete -, ¿podríamos la señora ministra y yo ausentarnos a la sala de al lado?

 -¿Para?

-Asuntos femeninos -Fanni eligió cuidadosamente. Sabía que ningún hombre querría seguir la conversación después de eso.

  Todos se miraron sorprendidos, arqueando las cejas, antes de que Antonio asintiera. Jain miró sorprendida antes de asentir también; sabía que si permanecía allí podría decir algo de lo que DE VERDAD se arrepentiría.

 

 

  -¿Qué tal el día, cielo? -Pier esperaba a su esposa a las afueras de palacio.

  -Como siempre -suspiró Jain. – Peleándome con Okor.

 -Algo he oído. ¿Es cierto que Fanni está embarazada del emperador?

  Jain le miró con los ojos abiertos de par en par.

  -¡Claro que no! Solo quería sacarme de allí, y, qué conste, hay muchos más asuntos femeninos que ese. Aunque obviamente, si alguien hubiera cogido a Okor para hablar de asuntos masculinos, seguro que nadie se acordaría -se quejó la mujer.

  -Es lo más probable -rió su marido.

  Aunque no lo admitiera, Jain le tenía envidia al trabajo que su marido desarrollaba al otro lado de palacio. Aunque tenía un cargo más alto y cobraba infinitamente más, tenía que mantener discusiones diarias con estúpidos cuya palabra valía lo mismo que la suya, pues solo la de Antonio estaba por encima. Pier, como economista, solo tenía que enseñar  unos números en un papel para acallar a quién se le pusiera por delante.

  -Bueno, pues, ¿vamos a recoger a Alesandri o nos tomamos algo?- sonrió Pier mientras le abría la puerta del carruaje.

  -Prefiero que Ali se quede un rato más con mi madre. Necesito reponer la saliva que me gasto con ese idiota con rapidez, y, que conste, se lo merece por dormirse cuando le estaba contando la historia de esos dos.- subió y se sentó en el cuero del asiento.

  -¡Anda que tú también! Cualquier madre primeriza sabe que precisamente TIENEN que dormirse, porque sino te piden otro. Y no sé si esa cosa es la más apropiada para una niña de 3 años…

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