Publicado en Proyecto Sacheto

Fin’dez stip quc Prefag’fs!

   En la casa de los condes de Qastilgion, las altas horas de la noche y el cansancio del viaje no habían rendido de sueño a ninguno de los dos aún. Dusarle, que tan de menos había echado sus libros en el país de los Eng’fs, departiendo con oficiales cuyo idioma le parecía un balbuceo, no había tardado ni cinco minutos en entrar en su biblioteca y perderse en una biografía de Devu: El Puño de Hierro del Senuci. Inglata, aburrida después de pasarse 3 años saliendo cada mañana a caballo a dirigir sus tropas, pasaba el rato peinándose. Tras alisarse por quinta vez su tozudo flequillo, suspiró y se dirigó hacia su marido.

   -Si tanto te entusiasma el libro, ¿por qué no usas mi anillo como marcador y te casas con él?

   Dusarle la miró. Un peinado elaboradísimo y un pijama celeste no pintaban en absoluto.

  -Tienes un excelente sentido del humor. Lástima que no lo uses más a menudo -sonrió.

  -Podría usarlo si mi público me prestara más atención -se sentó a su lado y le cerró el libro, casi pillándole las manos. Mientras este aún agradecía haberlas retirado a tiempo, los dedos de su esposa empezaron a recorrerle el brazo.

  -Tengo mucho en lo que pensar.

 -¿Y yo ocupo algo de ese mucho?

  Se miraron. Inglata casi suplicaba, Dusarle se asombraba de lo convincente que podía resultar su mujer.

  -Obviamente -cedió. -Eres todo lo que pienso.Si hubiera alguna forma de demostrártelo…

  -Hay muchas. Pero tengo mis favoritas-respondió, mientras sus labios se abrazaban am los suyos apasionadamente.

   Dusarle se despertó al rato. Inglata, con el rostro contraído en una dulce expresión, dormía plácida sobre el sofá. Consideró despertarla, pero en cuanto se acercó, decidió dejarla. Acudió rápidamente a su dormitorio y sacaba ya su pijama, cuando un pequeño tintineo en la puerta lo hizo retroceder hacia ella.

  -¿Quién es a estas horas?- se quejó Inglata desde su sofá. 

  Su esposo abrió la puerta. Lo que vio resultaba desagradable; para ser exactos, resultaba ser Okor Aladia, el ministro de las fuerzas armadas. Paradójicamente, a pesar de ser generales, la diplomática Jain Savic era querida y respetada por todos los del Estado Mayor, mientras que su rival no gozaba de lejos de esa simpatía, dado su carácter huraño y arisco.

  -Buenas noches

  -Buenas noches -respondió el conde y comenzó a cerrar la puerta con suavidad, pero el pie de Okor estaba convenientemente situado para impedirlo -¿Qué le trae por mi casa?

 -Desearle un feliz descanso.

 -Gracias

 -Y que disfruté mucho estas dos semanas.

  -¿Perdone?

  -Órdenes del emperador. En dos semanas volvemos a partir contra los praferchos rebeldes. 

  Dusarle no se molestó en contestar. Su esposa ya chillaba por él desde la biblioteca:

  –Fin’dez spip quc Prefag’fs! E got! E al non, de sôk taik!

   Me ahorro la molestia de traducir esa impronunciable sarta de insultos.

    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s