Publicado en Proyecto Sacheto

Proyecto Sacheto: !Got fhum bior (¡Larga vida al emperador!)

‘Lim cuab; plak gox rek nuk e gecv’hb wak stouk çev’ Mita Xoit Siaru

“Escucha bien, voy a reconstruir el imperio y nadie va a pararme”

Siaru, rey de Mitarch

Abensberg.jpg

https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Abensberg#/media/File:Abensberg.jpg

                                           Unos pasos resonaron raudos e impacientes por el piso de arriba. Los invitados, curiosos, cesaron de llevarse las copas a la boca y desviaron un momento la mirada hacia la barandilla. Una procesión de cinco personas bajaban por la escalinata ante el silencio general. En la parte más arriba, procurando no adelantar de modo alguno a sus señores, dos criadas, fácilmente distinguibles por los los pliegues de algodón blancos de sus faldas (los varones llevaban botas negras) caminaban sosteniendo cada una una bandeja cubierta. Justo por delante de ellas, un matrimonio más que bien conocido en toda Rácphanus: Jain y Pier Savìc, la ministra de diplomacia mitarcha y uno de los mejores financieros de la corte.

                             Ella, a semejanza de Inglata, tenía una melena castaña parda hasta la cintura, en el caso de la embajadora la suya era rizada. Su tez, nevada como la de la mayoría de los nobles, no ocultaba sin embargo los retos de un moratón que le afeaba la garganta. El 4 de abril de tres años atrás, la doctora de palacio le había dado la gran noticia de que estaba encinta. Sin embargo, esa misma mañana un grupo de mercenarios praferchos asaltó la embajada y sembró el caos entre los pocos presentes. Escapó por poco de la muerte, con la sangre chorreándole por todas partes, las ropas destrozadas y hematomas y cicatrices por todas partes. Solo gracias a un infinito esfuerzo por su parte y al cariño que toda su familia, Pier a la cabeza, le dispensó, que pudo con lentitud recuperarse y dar a luz a una preciosa niña, Alesandri, Ali cariñosamente por su madre. Pero en aquel momento, los ojos ámbares de Jain, mientras intentaba no perder el equilibrio en la escalinata, se clavaban en su criatura de bucles dorados y ojos grises, que, curiosa por aquella fiesta, pataleaba suavemente de vez en cuando para intentar vivir la fiesta por sí misma antes de que su madre apretara los brazos y le pidiera calma susurrando  mientras acariciaba dulcemente sus ricitos.

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                             Pier, a su lado, vigilaba con sus ojos celestes a sus dos damas con suma atención. Su frac púrpura , que le llegaba hasta los rodillas, hacía juego con sus pantalones, aunque no tanto con sus zapatos negros. Los rizos que tenía su hija eran suyos, aunque fueran negros. Justo delante suyo, un hombre que pocos conocían caminaba con paso seguro abriendo la procesión. Su traje era inconfundible: el uniforme de rayas multicolores solo lo llevaban los altos mandos del ejército, no así su peculiar anillo, que carecía de la pequeña tanzanita que tenían los de matrimonio. Su aspecto no resultaba particularmente extraño: unos ojos turquesas, un despeinado conjunto de pelos oscuros y una tez morena. Solo un detalle le distinguía: su corona de oro con tres rubíes que reflejaban hasta la luz de la luna solo lo llevaba un hombre en todo Mitarch. Y algo semejante, aunque fuera una diadema de diamante, solo lo podía llevar una mujer: la emperatriz mitarcha.

                                  Zanu, con la resolución que había adquirido después de tantos años en las colonias, se acercó rápidamente e hincó la rodilla ante la mirada expectante de todos:

                 -Señor, es un honor volver a verle.

– Y tanto. ¿Eres D. Arjiens, no?

                        Zanu se quedó atónito. El emperador José Javier nunca olvidaba un nombre. Ahorrarse el tiempo de preguntarlo para mandar una orden era en ocasiones la diferencia entre una victoria y una derrota. De repente, miró hacia arriba y se sorprendió de haberle confundido; las facciones eran parecidas pero no iguales: la persona que tenía delante era sin duda algún palmo más alta y sus rizos resultaban bastante más abundantes. Solo los celestes ojos de espía podían equiparárselo.

                        Abochornado, el general retrocedió unos pasos mientras el desconocido caminaba mirando a todos, con sus altas botas marrones chirriando como locas .

                        – Bueno, por si a alguien le queda alguna duda, no, no soy José Javier. Me presento: me llamo Antonio Xouçi, quizá más conocido como Príncipe de Parfia, el hermano de nuestro emperador.

                        Inglata se adelantó brevemente:

            -Excúseme, señor, pero, ¿dónde está el emperador?

                                -Mi hermano está en Arnat-dijo con una perdida mirada, casi sollozante.

Los ánimos quedaron completamente derribados. Arnat era una calle de Lian, famosa por su iglesia. Aunque no era la más grande de Rácphanus, sí era la que tenía el mausoleo más refinado y famoso de toda la ciudad. Estar en Arnat, aparte de un honor, era haber muerto.

-¿Hace cuánto?-repitió la condesa

– 5 meses.Tantos años combatiendo a la muerte en el campo de batalla y es finalmente una simple gripe la que acaba contigo.

                                     Todos guardaron unos momentos de silencio. Todos, alguna vez, habían tenido que defender su actuación ante el Senado, y a pesar del temor que inspiraba su regia figura, había sido también él quién muchas veces los había defendido de los ataques de algún envidioso senador. Podía ser muchas cosas. Pero por encima de todo, era el emperador, y como tal, el padre de todos.

                          Solo un hilillo de voz de Arfi, tras un rato de silencio, lo rompió:

-¿Y le sucede usted, no?

https://www.youtube.com/watch?v=c5NcaVp2-5M

                                          D. Antonio le dedicó una sonrisa:

            -Efectivamente. Tengo que  finalizar el programa de construcciones, sellar la paz, reorganizar los cargos de gobernación,… Pero de eso tengo tiempo mañana. Hoy voy a hacer mi primer decreto y te lo dedico.

                           -¿En serio? ¿Y qué es?-le preguntó Arfi con una mezcla de curiosidad y sorna mientras echaba un trago al vino.

                          -Quiero que Inglata y tú hagáis las paces.

                                     -¿Disculpe?-a la condesa se le atragantó la galleta, mientras la duquesa escupía literalmente todo el vino-Lo siento, señor, eso es imposible…

                           Pero Arfi ya se adelantaba hecha una furia.

                   -¡En sueños! Yo nunca, mientras viva, voy a hacer las paces con esa…-no le dio tiempo a terminar. De la furia el vino salió disparado de la copa y empapó el peinado de su Alteza.-Upsss…

                                      Todos se quedaron mudos, sin atreverse siquiera a girar las cabezas. El emperador podía mismamente ejecutarla allí mismo. Antonio avanzó hacia ella con furibunda expresión cuando Inglata se interpuso.

   -Tú… ¡Tú eres tonta!-le dijo hecho una furia. A pesar de los tacones de la duquesa, seguía siendo más alta-Eres una perra, una furcia, una asesina, una cateta…Pero lo peor de todo… ¡es que no tienes puntería!-dicho lo cual, sin darse la vuelta, arrojó la copa hacia el emperador.

                            La paciencia de un caballero mojado hasta los zapatos comenzó a agotarse.

-¿Sabéis que podría mandaros a fusilar a las dos ahora mismo, no?

-Pero no lo va a hacer, por dos simples razones.-Inglata proseguía con su célebre tranquilidad.

-Dímelas, que las fiestas están para divertirse-Antonio la miraba con una mezcla de desprecio y gracia.

La condesa respiró hondo.

-En primer lugar, si quisiera matarnos, lo hubiera hecho ya.

La seca risa del emperador heló la sangre a todos.

-Siempre hay tiempo para arrepentirse. ¿No crees? Tienes una última oportunidad.

http://www.mentelibre.es/?p=433

             -En ese caso, temo decirle que no por matarnos juntas vamos a estar de acuerdo. Esta mujerzu…mujercita y yo no vamos a estar de acuerdo ni en el infierno. 

-Habéis estado de acuerdo en tirarme el vino, luego, no es cierto.

-Pues fíjese, estamos de acuerdo, no le gusta y quiere que volvamos a estarlo. ¿Cómo se entiende eso?

                               Antonio se quedó pensando. Los guardias se quedaron pensando. Hasta que alargó la mano abierta. Era una señal de ataque. Inglata cerró los ojos. Arfi cerró los ojos. Hasta que se dieron cuenta de que lo que hacía era recoger las servilletas que una de las criadas le tendía. Al verlas aún temerosas quienes 5 segundos antes tan desafiantes estaban, el emperador se acercó a la escalinata y mirando a todo el mundo desde su altura, les dijo:

-Tiempo voy a tener para divertirme. ¡Larga vida al emperador!

   -¡Larga vida al emperador!-gritaron todos los invitados, de pronto desconvertidos en estatuas, mientras reían sin parar.

                                                La fiesta continuó varias horas más. Hasta prácticamente madrugada no cesaron los invitados de reír, comer, escuchar la música o bailar. En cierto momento de la noche, entre otras anécdotas, Pier consiguió sacar a su ruborizada Jain para danzar un duzef, pero, a pesar de su pericia, quien se llevó los ánimos y arrancó las sonrisas de todo el mundo fue la pequeña Ali, que trataba de imitar a sus padres con su pareja imaginaria, aunque se cayó varias veces encima suya.              

http://blogdelaclasedehistoria.blogspot.com.es/2015/08/el-18-brumario-de-napoleon-bonaparte-9.html
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