Publicado en Inspiración, La Paloma

La Paloma (6 y fin): Una paloma con hemorroides…Una cazadora armada…Una persecución sin piedad por toda Las Palmas

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Y de repente, volví a sentir. No fue agradable; fue el enésimo, pero último de los golpes en la cabeza que me llevaba dando. Repentinamente, volví a sentir como si todo ese cuerpo que no podía ver se moviera a gran velocidad y entonces, entonces sí, recibí un fortísimo golpe que me despertó la frente. Mi cuerpo entero comenzó a temblar y a desvelar que aún existía: primero mi cabeza, después el cuello, siguió bajando hasta la tripa y se extendió como un rayo por mis piernas. Y entonces, cuando me sentí segura, abrí los ojos. Y lo que vi fue tan impresionante que la boca se me quedó mas abierta que la estimación de escaños en las elecciones, pero aun no podía gritar: estaba en mi habitación. El sol se abría paso por la ventana inundando la habitación con su luz y calor, la púrpura manta me cubría un cuerpo vestido con ese pijama de rayas naranjas que tanto me encantaba. La cabecera de la cama de arriba me aportaba sombra con sus pulcra y dura madera de castaño, probablemente con lo que me había dado el golpe.

 

Me quedé un rato mirando silenciosa la habitación, frotándome los ojos una y mil veces, saliendo a la terraza buscando ordenadores de diez años atrás y encontrándome las cosas en su sitio, las rosas y margaritas saludándome con los brillos de sus gotas de rocío. Sin embargo, aún no estaba convencida de estar realmente en mi casa. ¿Cómo iba a estarlo tras todo lo que había pasado? Y, en ese momento, sonó el tono del Whatsapp. Era Eduardo.

-¿Dónde estás, dormilona? Por si te has olvidado, hoy es la Presentación del Proyecto de Tecnología. ¿No pensarás dejarme solo, no?

-¿Y perderme aparecer como la colaboradora en la construcción de una máquina del tiempo? Te creía más listo, Eduardo.

                  En ese momento, no sé por qué, me afloró una sonrisa entre los labios. Me había convencido al fin de que todo había sido un mal sueño y, seamos sinceras, la vida es muy larga para preocuparse por una mala nochecita. Fui al baño y me peiné lo más rápido que pude la melena, que, de tanto dar vueltas durante la pesadilla, se me había enrollado en torno al cuello de una forma que casi parecía querer estrangularme. Después, acudí rauda al armario en busca de algo que ponerme. Por más que lo intenté, no pude despegar mis ojos de la ropa que me había puesto la tarde anterior; sí, estaba aún un poco mojada, pero era uno de mis conjuntos favoritos. Lo cogí, pero no me atreví a ponérmelo.

                            Inconscientemente, estaba buscando algo. Y, de sopetón, mi mano hurgó en el bolsillo delantero derecho. No sé que buscaba, pero lo hallé: una carta doblada mil veces, con apariencia de haber sido escrita mucho tiempo atrás. Una vez terminé de abrirla, dominada por la curiosidad, me afané descifrando aquella caligrafía infantil:

              ‘A mi yo del futuro,

perdona mi brusquedad. He soñado mil veces que venías a buscarme, y, al verte, pensé que era otro sueño. Me imagino que ya sabrás, no espero que te sientas orgullosa, que la nota fue un insulto, pero pensé que sí era un sueño, quizá, por alguna probabilidad, las preguntas serían las mismas que en la vida real. De todos modos, como dice Jack (el listo de la clase, por si no te acuerdas), nada de lo que cambies en el pasado te afectará, pero lo del futuro, como esta carta, permanece. Si algún otro día vienes (y, por favor, en otro control, que mi venganza con Irene será terrible la próxima evaluación), te daré la bienvenida que te mereces.

P.D: ¿Soy al final la novia de Amadeo?;)’

 

                                                                           Justo cuando terminaba de leer la carta, Whatsapp volvió a sonar.

                                      -¿Qué máquina del tiempo, mujer? Si te he dicho mil veces que nosotros hacíamos un reloj de cuco. No es que sea espectacular, pero cuesta hacerlo, que es lo que cuenta.

                                                       El corazón se me metió en el puño mientras mi pulgar se deslizaba por el teclado escribiendo la respuesta.

                                        -Ahhhh, es verdad. Disculpa, hoy me he levantado con fiebre y estoy delirando. Creo que no voy a ir a la Feria, lo siento. Mucha suerte-acto seguido, apagué el móvil y lo dejé sobre la mesa. 

                                                                                   Esto es,a modo de testamento, lo último que escribo. Ahora mismo voy a volver a dormirme y no sé si despertaré. Pero poco precio es a cambio de reír un rato conmigo misma. Si Jack tenía razón y nada de lo que haces en el pasado te afecta, como en este caso, por muy grave que sea, tengo unos besos furtivos de los que disfrutar unos instantes…y una paloma a la que pegar un tiro.

 

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