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Wapliud (La Víspera)

                 ¿Ves la bella luna? También resplandecía cuando Adagi y Eldón emprendieron su primer viaje. Todos pensaban que estaban locos; quienes les acompañaban, recibían el nombre de saip quen’s qen (hijos de la pareja loca). Era una bella noche. El viento soplaba sobre el mar como yo canto cuando te acuno. Eldón estaba nervioso; no había visto a su prometida desde el amanecer.

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                    Sus ojos azabaches, semiocultos bajo un flequillo moreno, iban y venían al ritmo de las olas que se estrellaban a sus pies, con sus pensamientos meditando aquello que horas atrás le había dicho Gagu, un viejo conocido: que más allá del mar no había nada. Se lo había comentado acercándose al puerto, cuando revisaba que todo estuviera dispuesto. Era el líder de la tribu desde casi un adolescente, y había aprendido a serlo a golpes de palo. Hubo quien no aceptó su liderazgo cuando murió su padre y una terrible guerra civil le obligó a demostrar lo que sabía de dominio. Diez largos años caminó por una cuerda floja ante el acoso de poderosos adversarios, en una lucha sin cuartel que dejó infinidad de muertes.

                          Finalmente, el agotamiento general le dejó como líder de un territorio devastado y yermo, que reconstruyó como mejor pudo. No obstante, aun que era de natural afable, desde entonces nunca toleraba cualquier oposición a su autoridad. La visita, aún cuando empleó el mejor tono que pudo, escondía un velada amenaza, concerniente a una vieja ley no escrita que le hizo titubear: quien se iba de la tribu, no podía volver. No obstante, las gestiones estaban ya demasiadas avanzadas. Algo que no le impedía seguir dando vueltas a la cabeza.

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                           Algunos kilómetros mar afuera, una fémina en su jardín se embriagaba del aroma de las rosas caladas de rocío, las últimas que iba a ver en un tiempo. Cuando ya sus suspiros los hubo engullido la suave brisa nocturna, se sintió repentinamente exhausta y se arrebujó en uno de los sillas que solían acompañarla cuando  desayunaba con su madre. Su madre… Apenas recordaba ya aquellas manos sedosas de ágiles dedos que con 5 años trenzaban sus rizos rubios mientras ella clavaba sus esmeraldas en su dulce sonrisa. La misma sonrisa que se borró en la sangre de una cabeza partida frente a aquel mismo espejo, una noche de la guerra, por unos soldados más ebrios que el vino.

                 Y similar destino había estado a punto de correr de no haber sido porque su padre la escondió. Su padre…. Un hombre conservador, un viejo caballero de pelo blanco, firme defensor de Gagu y buscador de un buen matrimonio para su hija quien, obviamente, no era el aventurero del que se había enamorado su hija, del que se había enemistado profundamente. Adagi cedió uno más de sus suspiros al jardín, acompañado de una suave risa; apenas había rozado los 17 añitos y ya parecía tener más historia que la isla.

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                   Bostezando, Adagi se recostó sobre una de las sillas y cerró los ojos con suavidad, antes de sentir una sombra sobre ellos. Sus manos, aún a ciegas, se lanzaron como relámpagos y se aferraron a aquellas manos ante la sonrisa de Eldón, que le devolvió a su vez. A veces se sentía casi una niña en su presencia, ya que, no en vano, le llevaba siete años.

-¿Lista?-le preguntó su novio ampliando el gesto

             -¿Para besarte?-fue la respuesta, envuelta en la sempiterna risa que siempre acompañaba al particular sentido del humor del que siempre hacía gala.

                    -¿Me haces un hueco y te lo cuento?

                      Con una mirada lasciva en los labios, la mujer se echo a un lado y Eldón se sentó, con cuidado de no quitarle sitio. Ambos se miraron unos instantes, con las pupilas reflejando las estrellas del cielo empapadas en el amor que se profesaban.

                  -¿Te he dicho alguna vez que eres preciosa?

                        -Solo cada  vez que nos hemos encontrado. No obstante, seguro que sabes decírmelo en otro idioma.-las miradas volvieron a cruzarse, con los ojos brillando. Ambos sabían a que se refería. Él le acercó los labios a la mejilla, no obstante, ella se apartó repentinamente.

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                       -¿Qué te ocurre?

              -Bien lo sabes- le respondió Adagi, dirigiéndole una mirada cargada con cierta vergüenza.

                                    Sí, lo sabía. Lo que le ocurría se llamaba gapfun Kiun. Gapfun Aga Kiun. Un ‘caballero’, como se hacía llamar, hosco, tosco y de pelo mosco. Un cazafortunas ambicioso y salvaje, perteneciente a la adinerada estirpe de los Aga. Siempre había visto a Adagi como poco más que una criada de lecho con anillo,  y como tal no había tenido ningún miramiento en presionar a su padre, prometiéndole que su hija viviría mejor que la misma esposa de Gagu. Apenas un mes después, un despojo de humana protagonizaba una rocambolesca fuga hasta su casa y su padre, en vez de interesarse por ella, había contactado a Kiun para planear la fecha de su ‘devolución’. Nunca le había dicho que le había pasado, pero, desde que volvió, a pesar de seguir siendo tan romántica como de costumbre, se apoderaba de ella un miedo atroz cuando alguien, sobre todo Eldón, intentaba tocarla. 

                      -Lo entiendo-dijo rompiendo el fúnebre silencio que se erguía entre ellos-Y comprendo.  Pero no puedes pretender que renuncie a abrazar al amor de mi vida por el resto de ella.

                   -Y no lo pretendo.-su mirada era suplicante- Sin embargo, debes entender  también que no puedo volver a mirar a un hombre igual desde aquello. En aquella casa vi y sufrí cosas que me estremece recordar.

                       -¿Y no hay nada que yo pueda hacer ayudarte a curarte?-le tomó las manos, tanto con una suavidad propia casi de quien no quisiera que cuenta se diera, como con una firmeza, casi  propia de intentar evitar que se le resbalaran.

                       

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                               Le miro unos instantes directamente a los ojos, pensando, antes de separar los labios para formular la respuesta:

                                   -Solo necesito que me prometas una cosa.

                          -Pide y tendrás-fue la respuesta, ojos brillando..

             -Solo necesito que me jures, por la cosa más valiosa que poseas, que nunca, en los días que te queden, vas a dudar de mi palabra ni a ponerme una mano encima que no sea para acariciarme.-iba saliendo de su boca lánguidamente, con una voz suave y melosa.-Solo necesito que me prometas eso.

                         -Tienes mi palabra. Te lo juro… por mi amor.

                             Finalmente, sus labios se deslizaron como algodones hacia su mejilla y le depositaron un casto beso, antes de que las manos se agarraran la una a la otra y largamente las cabezas se balancearan al ritmo de la pasión. Nada interrumpió su amor, salvo el ruido de una rama rota cercana. Ambos se giraron violentamente. 

                          -¿Qué ha sido eso?- preguntó Eldón.

                                                           Adagi se acercó con cautela a uno de los arbustos, mientras este seguía agitándose fuertemente y Eldón permanecía expectante, con la respiración entrecortada. Retiró un poco las hojas y se le cortó la respiración al contemplar a…

                                 -¡Mis!- exclamó infantilmente mientras se volvía con una gatita parda en los brazos a la que acariciaba sin cesar mientras esta ronroneaba-¿Qué hacías por aquí?¿Qué te saca de tu hogar a estas horas de la noche?

                               -¡Una gata! Señor, ¡qué susto!

                                      -Te asustas de esta cosita- se carcajeaba Adagi-¡Valiente jefe para una expedición en busca de la inmortalidad!-se sentó nuevamente a su lado, antes de cesar de reír y poner cara seria-No obstante, por tus artes de hombre voy a perdonarte por hoy ese pecado`.

                                    Con las risillas aún resonando, los labios volvieron a juntarse. Pronto iban a emprender una expedición a Zambar, una isla donde, según decían los mitos, estaba la fuente de la eterna juventud. Eran felices: podían intentar conseguir la vida eterna, vivir una aventura sempiterna y, si todo se fuera al traste, se tenían el uno al otro. Sus besos se los traspasaban como dos tortolitos olvidando un viejo dicho que se alzaba sobre ellos peligrososo, esperando la oportunidad de demostrarse: freix bam liux al dan’dôz maik, la fortuna nunca sonríe con todos los dientes. Quince horas después, estarían en medio de la catátrofe más absoluta, sin tierra a la que aferrarse. Y en 10 días, su historia de amor habría muerto en las costas de Zambar.Leighton-Tristan_and_Isolde-1902.jpg

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Proyecto Sacheto: Geir çev il geix (Cuéntame una historia)

“Plu wak’hb neik çev suin’s, sûk nuek qual faq nouk, al çev nak, mav naq”

Wap-xoit Devu, Siaru qen        

‘Nunca más voy a salir de mi ciudad, ya he visto suficiente para saber que todo lo que necesito está aquí dentro’

   Príncipe Devu, hijo de Siaru

          

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Eran altas horas de madrugada cuando el matrimonio Savic, pretextando que la pequeña se estaba quedando dormida, se despidió de los en torno a 9 invitados que aún quedaban y salió del Salón de los Espejos para dirigirse a casa. Alesandri, acomodada en el hombro de su madre, los entretuvo nuevamente un rato jugando con los reflejos de los enormes espejos que había en la entrada ante las sonrisas de todo el mundo, pero cuando la pareja salió al jardín, la niña ya estaba dormida, murmurando de vez en cuando palabras incomprensibles entre sueños.

Jain y Pier caminaban por el parque de Devu (Devu Kôen) en el mismo silencio que la noche que les rodeaba. La hierba del parque, el más cuidado de la ciudad, por más que siempre le dolierá a los feyazos, se arremolinaba a su alrededor igual que la suave brisa veraniega, como un inquietante silencio que susurraba heladamente a sus oídos, como los cantos de los grillos. Jain, harta del él, lo rompió con sus palabras:

– ¿Podemos pararnos un momento?- dijo sin esperar respuesta, ya sentándose en el suelo-No puedo más con esta… ‘gordita’

Pier se dio la vuelta y la miró compasivamente.

– ¿Te ayudo con ella? – mientras decía, la mano tendía.

– No, gracias. Prefiero descansar un rato.

– Cariño, son altas horas de la noche. ¿Crees que te hará mucha gracia que la ministra de diplomacia se despierte mañana tirada en un parquecillo lleno de gente?

–  No hay que exagerar – mientras lo decía, un bostezo arrancó una sonrisa a su marido- No sé, podríamos hablar de la fiesta.

-Una fiesta en tu honor…-matizó el financiero

-¿En mi honor? No sabía que una tuviera que dejar que le partieran la espalda para que le hicieran una fiesta. En ese caso, procura no volver a felicitarme por mi cumpleaños.

– Regalos y recordatorios que me ahorro-se rió ante el enfado de su esposa.

http://picssr.com/photos/fotosdeosvaldo/interesting/page6?nsid=11791301@N07

De repente, Jain se recostó sobre sus codos y perdió la vista entre las estrellas, mientras levemente embozaba una sonrisa. Pier la miro largamente antes de atreverse a preguntarle en qué pensaba.

-Pienso en cómo hemos llegado hasta aquí.-le respondió sin mirarle, aún absorta en sus imaginaciones.

-¿Hasta aquí?. Bueno, pues hemos atravesado todo Feiaci, hemos saludado a Luci en su restaurante,…

El coscorrón que le propinó su furibunda esposa no le dejó terminar.

-¡Ay!-se quejó Pier

Jain le miró con molestia.

              -¡Hombres! ¿Por qué, señora, inventaste criaturas tan estúpidas? ¿No podrías habernos dado a las mujeres el poder de reproducirnos solas y ahorrártelos? -respiró un momento para calmarse y forzó la sonrisa más falsa que pudo para no despertar a Alesandri con sus zarandeos-Pier, cielo, llevo muchos años paseando por este parque, creo que sé perfectamente como ir de mi casa al trabajo.

           -Entonces, ¿a qué te refieres?-le dijo, observándola con cierta rabia.

            Ella le miró y suspiró, cansada a aquella hora de la noche de tener que dar explicaciones.

          -Me refiero a cómo hemos llegado hasta aquí…juntos. ¿Qué ha tenido que pasar para que yo, una niña más entre las miles nacidas cada año en esta ciudad, esté hoy aquí? ¿Qué ha hecho que esa cría que cada invierno jugaba por las calles abrigada con su bufandita púrpura a construir muñecos de nieve se convirtiera en una de las personas más poderosas de la isla, se casara con alguien como tú,-su mirada volvía a estar perdida por las estrellas, pero en ese punto sonrió como solo ella podía hacerlo para él-  y aguantara tres años a esos… bestias sembrando el caos por la ciudad con sus ataques por sorpresa? ¿Sabes lo que es salir cada noche y pensar que en cualquier momento puedes tener una daga atravesándote la garganta, y ahora, de repente, estar aquí y saber que estoy a las puertas de la felicidad, absolutamente a salvo? ¿Sabes en qué pienso?

               Ante la mirada de duda de su marido, le miró con la otra cosa que tenía en común con Inglata; la calma absoluta.

                -Mi amor, como se te ocurra sugerir en este romántico momento el día que vinieron esos indeseables a hacerme la guerra en la recepción, mañana Ali se prueba el traje de huérfana.

           Pier pensó un poco más antes de arriesgarse a responder:

      – ¿Estás pensado en nuestra boda? Fue un 7 de septiembre, ¿no?

http://www.efti.org/es/galeria/vanessa-salas-moreno/boda-medieval

                       La imaginación de Jain volvió a volar y recordó como su madre había tenido mucha razón cuando le aconsejó celebrar la boda en mayo y no esperar a septiembre, como ella, en sus inseguridades, pretendía. La lluvia dejó ilegible el libro de oración y el cura tuvo que hacer la bendición comiéndose infinitos fragmentos . El traje de novia se había ensuciado el día anterior, por lo que tuvo que presentarse con un vestido que, ciertamente, no era en ningún caso inapropiado, pero no era ni la sombra del que tenía ni de lo que todos esperaban de una ministra, más cuando el viento intentó en varias ocasiones desnudarle las piernas, y en algunas ocasiones le levantó la falda hasta la rodilla . La humedad del bosque en el que decidieron celebrarlo le encrespó el pelo de tal manera que, a pesar de intentar cepillárselo como pudo con el peine que siempre llevaba encima de joven, en palabras de todas las amigas que invitó “parecía llevar un pulpo encima”. Y cuando ya parecía que nada más podía ir mal, una rueda de la carroza en la que  iban hasta su nuevo hogar se partió, por lo que tuvieron que recorrer unos 17 km a pie en un terreno embarrado, una experiencia horrible para ambos, pero peor para la novia, quien, no habiendo andado nunca en tacones y pretendiendo hacerlo aquel día solo unos minutos, lo hizo dos horas, algo que le dejó los pies malheridos por un buen par de días. Nada que no pudiera remediar,  por otra parte, una más que satisfactoria noche de bodas plagada de besos y risas.

                  Esos pensamientos tenía Jain cuando volví a la realidad y se encontró con la mirada inquisidora de su marido. 

               – Te has acercado, pero no. Me refería a cómo empezó esto. Nuestra casa, nuestra ciudad, nuestro país… nuestra historia. 

               Esta vez, Pier acertó. Cualquier sacheto lo hubiera hecho. 

            – ¿Estás pensando en el camino que hemos recorrido desde los tiempos de Eldón? 

             – Y de Adagi- matizó Jain. Era también una constante. Los hombres suele creían que el único que merecía pesar a la historia era él y las féminas que era ella. 

              – Bueno, esa lo único que hizo fue ser su esposa y morirse. Punto. 

              – Pues si le hubiera hecho caso, hoy podríamos estar discutiendo con él quien de los dos tiene razón. 

              – ¿Para? El te diría lo mismo que yo. Y la historia, de todos modos, la conoce todo el mundo. 

               – ¡Yo no! – un chillido lastimoso, casi inaudible, se filtró por la oscuridad. 

                Jain cogió a Alesandri rápidamente:

               – ¿Has sido tú? – pero la pequeña seguía (o fingía estar) dormida, con sus ojitos tiernamente cerrados. 

          – Se ve que no-contestó Pier por ella, pero su esposa no se rindió. 

              Jain cogió a la niña y la tumbó en el suelo. 

             -¿No quieres hablar? Pues yo quiero hacerte hablar. 

              Sin demasiados escrúpulos, enrolló sus manos en torno al cuello de la niña y comenzó a hacerle cosquillas. Alesandri se despertó rápido y, entre risas, intentó zafarse, pero los dedos de su madre se colaban sin compasión por los huecos que dejara libre aumentando la frecuencia del rasquido. Las pocas veces que consiguió poner sus manitas en medio en medio le fueron retiradas sin compasión, dejándola indefensa. 

             – La pobre. Padres que matarían por qué su hija hablara y tú la torturas así. Anda, suéltala. – pero el no hacía nada por ayudarla. Después de todo, ¿qué podía haber pasado? 

               -¡Ni de broma! No la suelto hasta que confiese. 

                -¡Tsi! ¡Chi! ¡Yo fue! 

                 Jain paró un momento y la tomó en brazos. 

                  – ¿De verdad no la conoces? Es una historia de amor muy bonita. 

                 – No. Nunca m’abéis contaro-cuando hablaba, desprendía un cierto lloriqueo, además de tomarse su tiempo en elegir cada palabra de su minúsculo vocabulario. 

                  – ¿Y te gustaría? 

          Los ojos le brillaron. 

        – ¡Chi! 

            Su madre la cogió en brazos mientras miraba a su marido. 

        – ¿Crees que podría contarle la historia aquí? Te adelantas un poco y en seguida te pillamos. 

     – No creo. Es una historia larga y no son horas de contarla en un parque. 

     – Hmm, tienes razón. Bueno, Ali, nos vamos, te la cuento en casa. 

  Alesandri arrugó los morritos e hizo su última oferta. 

          -¿ No me la podías cotar en el camimo de casha? 

           – No, cariño, pesas mucho y mami no puede llevarte así. Tienes que es-pe-rar. 

         -¿ Y chi no quero esh-pe-rrar? 

    – No te lo cuento entonces- concluyó Jain y emprendió el camino a casa. 

               Jain llevaba un cuarto de hora despierta. No podía dormirse. Seguía sin acostumbrarse a volver a compartir cama tras tener suya propia durante el embarazo. De repente, hasta el mínimo goteo le parecía algo capaz de imposibilitar su sueño. Al rato de permanecer en la misma posición, empezó a sentir la garganta sedienta y por ir a la cocina a por un trago. No tuvo ninguna dificultad en sortear la oscuridad con su candil, pero en el viaje de vuelta, a medio camino, se le apagó. A ciegas, la ministra intentó llegar a su habitación dándose golpes con todo lo que se encontraba, pero fue incapaz de pensar dónde se hallaba en aquella oscuridad. No obstante, una luz en la que no había reparado estaba encendida en una habitación, a la que sin dudarlo entró ; la de Alesandri. 

            – ¿No puedes dormir, princesa?,  preguntó Jain entrando a su habitación. Su pequeña se hallaba sentada con la espalda contra la pared , de brazos cruzados. 

            – No. Y no voy poder ‘cerlo nuca. 

         – ¿Por qué, amor? – la sonrisa de la madre contrastaba con la seriedad de su hija. 

          – Poque no me has contaro el conto de Adagi 

         – Y Eldon – matizó su madre 

         – Y Leton-repitió su hija. 

         – ¿No prefieres mañana?  Es de noche y ambas estamos muy cansadas. 

             – ¡No! Me lo prometiste – gritó mientras intentaba golpearla antes de que su madre le parara el brazo en alto. 

                La mirada de la madre era seria. Alesandri temió que fuera a devolvérselo. 

            – ¿Vasme… Me pe… Vas a pegarme? 

           – No, cariño, por supuesto que no… – le respondió su madre mientras se recostaba con su hija sobre la almohada-Escucha. ¿Ves la bella luna? También resplandecía cuando Adagi y Eldon emprendieron su primer viaje. Todos pensaban que estaban locos; quienes les acompañaban, recibían el nombre de saip quen’s qen (hijos de la pareja loca). 

-¿D’ai provene el nome de sachietos que tato stas diciendo chempre ? – le interrumpió su hija, ávida de saber. 

-Sí, Ali, sí. Veo que eres muy atenta,pero no me interrumpas. Si tienes preguntas, levanta la mano. ¿Vale? 

-Vale

-Bien, como te decía, era una bella noche. Lejos de aquí, la brisa soplaba sobre el mar como yo canto cuando te acuno. Eldon estaba nervioso; no había visto a su enamorada desde el amanecer… 

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Proyecto Sacheto: !Got fhum bior (¡Larga vida al emperador!)

‘Lim cuab; plak gox rek nuk e gecv’hb wak stouk çev’ Mita Xoit Siaru

“Escucha bien, voy a reconstruir el imperio y nadie va a pararme”

Siaru, rey de Mitarch

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https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Abensberg#/media/File:Abensberg.jpg

                                           Unos pasos resonaron raudos e impacientes por el piso de arriba. Los invitados, curiosos, cesaron de llevarse las copas a la boca y desviaron un momento la mirada hacia la barandilla. Una procesión de cinco personas bajaban por la escalinata ante el silencio general. En la parte más arriba, procurando no adelantar de modo alguno a sus señores, dos criadas, fácilmente distinguibles por los los pliegues de algodón blancos de sus faldas (los varones llevaban botas negras) caminaban sosteniendo cada una una bandeja cubierta. Justo por delante de ellas, un matrimonio más que bien conocido en toda Rácphanus: Jain y Pier Savìc, la ministra de diplomacia mitarcha y uno de los mejores financieros de la corte.

                             Ella, a semejanza de Inglata, tenía una melena castaña parda hasta la cintura, en el caso de la embajadora la suya era rizada. Su tez, nevada como la de la mayoría de los nobles, no ocultaba sin embargo los retos de un moratón que le afeaba la garganta. El 4 de abril de tres años atrás, la doctora de palacio le había dado la gran noticia de que estaba encinta. Sin embargo, esa misma mañana un grupo de mercenarios praferchos asaltó la embajada y sembró el caos entre los pocos presentes. Escapó por poco de la muerte, con la sangre chorreándole por todas partes, las ropas destrozadas y hematomas y cicatrices por todas partes. Solo gracias a un infinito esfuerzo por su parte y al cariño que toda su familia, Pier a la cabeza, le dispensó, que pudo con lentitud recuperarse y dar a luz a una preciosa niña, Alesandri, Ali cariñosamente por su madre. Pero en aquel momento, los ojos ámbares de Jain, mientras intentaba no perder el equilibrio en la escalinata, se clavaban en su criatura de bucles dorados y ojos grises, que, curiosa por aquella fiesta, pataleaba suavemente de vez en cuando para intentar vivir la fiesta por sí misma antes de que su madre apretara los brazos y le pidiera calma susurrando  mientras acariciaba dulcemente sus ricitos.

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                             Pier, a su lado, vigilaba con sus ojos celestes a sus dos damas con suma atención. Su frac púrpura , que le llegaba hasta los rodillas, hacía juego con sus pantalones, aunque no tanto con sus zapatos negros. Los rizos que tenía su hija eran suyos, aunque fueran negros. Justo delante suyo, un hombre que pocos conocían caminaba con paso seguro abriendo la procesión. Su traje era inconfundible: el uniforme de rayas multicolores solo lo llevaban los altos mandos del ejército, no así su peculiar anillo, que carecía de la pequeña tanzanita que tenían los de matrimonio. Su aspecto no resultaba particularmente extraño: unos ojos turquesas, un despeinado conjunto de pelos oscuros y una tez morena. Solo un detalle le distinguía: su corona de oro con tres rubíes que reflejaban hasta la luz de la luna solo lo llevaba un hombre en todo Mitarch. Y algo semejante, aunque fuera una diadema de diamante, solo lo podía llevar una mujer: la emperatriz mitarcha.

                                  Zanu, con la resolución que había adquirido después de tantos años en las colonias, se acercó rápidamente e hincó la rodilla ante la mirada expectante de todos:

                 -Señor, es un honor volver a verle.

– Y tanto. ¿Eres D. Arjiens, no?

                        Zanu se quedó atónito. El emperador José Javier nunca olvidaba un nombre. Ahorrarse el tiempo de preguntarlo para mandar una orden era en ocasiones la diferencia entre una victoria y una derrota. De repente, miró hacia arriba y se sorprendió de haberle confundido; las facciones eran parecidas pero no iguales: la persona que tenía delante era sin duda algún palmo más alta y sus rizos resultaban bastante más abundantes. Solo los celestes ojos de espía podían equiparárselo.

                        Abochornado, el general retrocedió unos pasos mientras el desconocido caminaba mirando a todos, con sus altas botas marrones chirriando como locas .

                        – Bueno, por si a alguien le queda alguna duda, no, no soy José Javier. Me presento: me llamo Antonio Xouçi, quizá más conocido como Príncipe de Parfia, el hermano de nuestro emperador.

                        Inglata se adelantó brevemente:

            -Excúseme, señor, pero, ¿dónde está el emperador?

                                -Mi hermano está en Arnat-dijo con una perdida mirada, casi sollozante.

Los ánimos quedaron completamente derribados. Arnat era una calle de Lian, famosa por su iglesia. Aunque no era la más grande de Rácphanus, sí era la que tenía el mausoleo más refinado y famoso de toda la ciudad. Estar en Arnat, aparte de un honor, era haber muerto.

-¿Hace cuánto?-repitió la condesa

– 5 meses.Tantos años combatiendo a la muerte en el campo de batalla y es finalmente una simple gripe la que acaba contigo.

                                     Todos guardaron unos momentos de silencio. Todos, alguna vez, habían tenido que defender su actuación ante el Senado, y a pesar del temor que inspiraba su regia figura, había sido también él quién muchas veces los había defendido de los ataques de algún envidioso senador. Podía ser muchas cosas. Pero por encima de todo, era el emperador, y como tal, el padre de todos.

                          Solo un hilillo de voz de Arfi, tras un rato de silencio, lo rompió:

-¿Y le sucede usted, no?

https://www.youtube.com/watch?v=c5NcaVp2-5M

                                          D. Antonio le dedicó una sonrisa:

            -Efectivamente. Tengo que  finalizar el programa de construcciones, sellar la paz, reorganizar los cargos de gobernación,… Pero de eso tengo tiempo mañana. Hoy voy a hacer mi primer decreto y te lo dedico.

                           -¿En serio? ¿Y qué es?-le preguntó Arfi con una mezcla de curiosidad y sorna mientras echaba un trago al vino.

                          -Quiero que Inglata y tú hagáis las paces.

                                     -¿Disculpe?-a la condesa se le atragantó la galleta, mientras la duquesa escupía literalmente todo el vino-Lo siento, señor, eso es imposible…

                           Pero Arfi ya se adelantaba hecha una furia.

                   -¡En sueños! Yo nunca, mientras viva, voy a hacer las paces con esa…-no le dio tiempo a terminar. De la furia el vino salió disparado de la copa y empapó el peinado de su Alteza.-Upsss…

                                      Todos se quedaron mudos, sin atreverse siquiera a girar las cabezas. El emperador podía mismamente ejecutarla allí mismo. Antonio avanzó hacia ella con furibunda expresión cuando Inglata se interpuso.

   -Tú… ¡Tú eres tonta!-le dijo hecho una furia. A pesar de los tacones de la duquesa, seguía siendo más alta-Eres una perra, una furcia, una asesina, una cateta…Pero lo peor de todo… ¡es que no tienes puntería!-dicho lo cual, sin darse la vuelta, arrojó la copa hacia el emperador.

                            La paciencia de un caballero mojado hasta los zapatos comenzó a agotarse.

-¿Sabéis que podría mandaros a fusilar a las dos ahora mismo, no?

-Pero no lo va a hacer, por dos simples razones.-Inglata proseguía con su célebre tranquilidad.

-Dímelas, que las fiestas están para divertirse-Antonio la miraba con una mezcla de desprecio y gracia.

La condesa respiró hondo.

-En primer lugar, si quisiera matarnos, lo hubiera hecho ya.

La seca risa del emperador heló la sangre a todos.

-Siempre hay tiempo para arrepentirse. ¿No crees? Tienes una última oportunidad.

http://www.mentelibre.es/?p=433

             -En ese caso, temo decirle que no por matarnos juntas vamos a estar de acuerdo. Esta mujerzu…mujercita y yo no vamos a estar de acuerdo ni en el infierno. 

-Habéis estado de acuerdo en tirarme el vino, luego, no es cierto.

-Pues fíjese, estamos de acuerdo, no le gusta y quiere que volvamos a estarlo. ¿Cómo se entiende eso?

                               Antonio se quedó pensando. Los guardias se quedaron pensando. Hasta que alargó la mano abierta. Era una señal de ataque. Inglata cerró los ojos. Arfi cerró los ojos. Hasta que se dieron cuenta de que lo que hacía era recoger las servilletas que una de las criadas le tendía. Al verlas aún temerosas quienes 5 segundos antes tan desafiantes estaban, el emperador se acercó a la escalinata y mirando a todo el mundo desde su altura, les dijo:

-Tiempo voy a tener para divertirme. ¡Larga vida al emperador!

   -¡Larga vida al emperador!-gritaron todos los invitados, de pronto desconvertidos en estatuas, mientras reían sin parar.

                                                La fiesta continuó varias horas más. Hasta prácticamente madrugada no cesaron los invitados de reír, comer, escuchar la música o bailar. En cierto momento de la noche, entre otras anécdotas, Pier consiguió sacar a su ruborizada Jain para danzar un duzef, pero, a pesar de su pericia, quien se llevó los ánimos y arrancó las sonrisas de todo el mundo fue la pequeña Ali, que trataba de imitar a sus padres con su pareja imaginaria, aunque se cayó varias veces encima suya.              

http://blogdelaclasedehistoria.blogspot.com.es/2015/08/el-18-brumario-de-napoleon-bonaparte-9.html
Publicado en Inspiración

Del Tormento el Origen

                                              Nunca debí haber hecho aquello. Desde que se me ocurrió dar rienda a mis instintos más animales y abusar de ella de esa manera tan salvaje cuando aún era una inocente damisela incapaz de imaginarse que yo pudiera de hacerle aquello., mi vida es un tormento. Cada vez que el sol se escondía tras las montañas, y la puerta del dormitorio se cerraba dejándonos a ambos solos sobre el lecho, la jovial sonrisa que asomaba todo el día se esfumaba como quien se quita una máscara y se afanaba en la tarea de vengarse de mí con una furia que no he visto en persona alguna. Sabía perfectamente que tratar de usar mis mismas armas contra mí con tan poca experiencia, habiendo recién salido de la virginidad, era sufrir de una manera indecible, pero con tal de hacerme pagar por cada segundo en el que, agotada, había suplicado en vano mi clemencia rogando por que aquello acabara, cada día vuelve con más ahínco. Primero me lo tomé como un capricho suyo, ahora soy yo el que queda a sus pies implorando su perdón. Y Valentina, con ese aire de suficiencia que emana cuando está satisfecha, me mira de arriba abajo y me exige que siga. Pero ciertamente, no me arrepiento lo más mínimo de lo que le hice.

 

                    

                               Era una preciosa tarde de finales de junio. Las flores del jardín lucían resplandecientes como pocas veces solían estarlo y el rocío matizaba con sus brillos unos bellísimos colores. Sin embargo, tanto para ella como para mí resultaba extenuante soportar aquel calor, así que, mientras comíamos., sudando ambos lo que no estaba escrito, convenimos en reunirnos en nuestra habitación tan pronto como fuera posible. Valentina, que siempre solía comer rápido, y aquel mediodía comía con verdaderas ganas (en su hogar el clima era infinitamente más frío, razón por lo que le parecía estar en medio del desierto), terminó como siempre  varios minutos antes que yo, y se disponía ya a marcharse a la habitación cuando le agarré del brazo y, ante su mirada interrogante, le recordé que aquella tarde tenía una pequeña experiencia conmigo, que ya la noche anterior, viéndola cansada, decidí retrasar, pero que no pasaría de hoy. No podía resistir más tiempo sin enfrentarme a su mirada mientras estuviéramos haciéndolo tumbados en la cama. Claro que, ella obviamente no lo sabía, mi prima Alexandra y yo ya habíamos sostenido unos intensos encuentros nocturnos. Cuando termine de comer, subí a la habitación con calma y me sorprendí al encontrarme a Valentina tirada en el suelo. Me di cuenta de que, educadamente, me había esperado a la puerta, pero como había tardado mucho, se había quedado tirada en el suelo intentando soportar el calor. Con picardía, me acerqué gateando y le tiré suavemente de su falda, su reacción, como me esperaba, fue levantarse y mirarme enfadada, tras lo cual ambos nos miramos en silencio sonriendo y temiendo a la vez. Finalmente, viendo que me rogaba que entráramos, abrí la puerta:

 

-Las damas primero

 

                                                      Con gran satisfacción entró en la habitación como un vendaval, se quitó la chaqueta que aprisionaba como un férreo corsé sus desnudos blancos brazos y se recostó sobre el lecho. Me senté a su lado y me dispuse a su lado, acariciándola con suavidad, a lo que me miró con impaciencia, sin atreverse aún a pedirme que empezaramos. Me recosté sobre la cama y ella frente a mí. Un día antes me había preguntado si tomaban la iniciativa damas o caballeros y le respondí que las blancas, aquí y en cualquier sitio. Aquella ocasión opté por comenzar yo. A pesar del ánimo que había puesto, si no quería morir de calor aquello debía ser rápido. La acaricié por última vez… y  moví un peón al azar a la cuarta fila. Su respuesta fue ponerme otro a tiro.

 

-¿Te has percatado de que te lo puedo comer, principiante?

-Oh, es verdad. ¡Qué metedura de pata!-la cara de vergüenza que puso no tuvo precio hasta que, repentinamente, miró el tablero y, con una sonrisa en los labios, prosiguió- Bueno, siempre hay que hacer sacrificios. ¿No me explicaste eso ayer?

 

                                                                      Con repentino miedo en el cuerpo, escruté el tablero minuciosamente como si hubiera hecho el mejor movimiento. No hallé nada hasta que vi aquella casilla. Ni siquiera con Alexandra había visto eso. Primera jugada y partida definida. Le miré atónito. Probablemente ni ella sabía la jugada. Y pensar que me había tachado de loco cuando le dije que pensaba jugar al ajedrez todos los días.

 

-¿Lo has visto ya?-me dijo, quizá esperando que yo le dijera alguna jugada.

-Y tanto. Ni yo he perdido una partida tan rápido-Ante su platos de ojos, moví con deliberada y sádica lentitud la reina al lugar exacto.-Jaque mate.

 

                                    Miro el tablero confundida, buscando algo, pero el mate era incontestable. Finalmente, cuando ella se dio cuenta, bajo derrotada la cabeza, como a punto de llorar. Intenté forzar una sonrisa para consolar, pero lo que me salió fue una despiadada risa. Me arrepentí rápido. Valentina me clavó inyectada en sangre una mirada de odio y me dijo, con una voz mezclada con su llanto:

 

                                                -Creeme que voy a darte la satisfacción de jugar cada día. Pero esa estúpida risa te la vas a tragar amargamente en adelante. 

Publicado en Curioso10, Listas

Curioso10 Parte 1

¡¡¡MUYYY BUENAAAS!!!

SEAN BIENVENIDOS A NUESTRA NUEVA CATEGORÍA, LA CUAL SE LLAMA “CURIOSO10´´

OS PREGUNTARÉIS: ¿PERO DE QUÉ TRATA?

ESTA CATEGORÍA NO TIENE NINGÚN TEMA FIJO, TAN SOLO TRATA DE DECIR CURIOSIDADES DE CUALQUIER TIPO YA SEA POR EJEMPLO: ANIMALES, INTERNET, ECONOMÍA ETC.

CUANTAS MÁS VISITAS TENGA, MÁS ENTRADAS SACAREMOS EN LA CATEGORÍA DE CURIOSO10

ASÍ QUE DICHO LO DICHO ESPERO QUE OS GUSTE Y…

¡COMENCEMOS!

NÚMERO 1:

EN LA TIERRA HAY MUCHÍSIMOS MAMÍFEROS, DE LOS CUALES ALGUNOS DESTACAN POR SU INTELIGENCIA, RAPIDEZ ETC.

PERO EN ESTE PUESTO NOS CENTRAREMOS EN LA ALTURA.

¿CUÁL ES EL MAMÍFERO MÁS ALTO DE LA TIERRA?

PUES MUY SENCILLO, LA JIRAFA.

http://naturacuriosa.blogspot.com.es/2008/09/curiosidades-sobre-las-jirafas.htm

VALE, ESA PREGUNTA ERA MUY FÁCIL.

PERO ¿CUÁL ES LA JIRAFA MÁS ALTA DEL MUNDO?

SI NO LO SABES, NO PASA NADA, YO TE LO DIGO AHORA MISMO.

POR TÉRMINO MEDIO, ESTOS MAMÍFEROS SUELEN MEDIR UNOS CUATRO METROS Y MEDIO DE ALTO INCLUYENDO SU ALARGADO CUELLO.

PUES EN EL ZOOLÓGICO FOLLY FARM, EN PEMBROKESHIRE (REINO UNIDO), HAN MEDIDO A UNA JIRAFA QUE ES ESPECIALMENTE ALTA, LLAMADA ZULU Y VIVE EN SUS INSTALACIONES.

PARA MEDIRLA, HAN UTILIZADO COMO REFERENCIA EL MARCO DE UNA PUERTA DE 6 METROS DE ALTURA. ZULU PRÁCTICAMENTE ROZA LA PARTE SUPERIOR CON SU CABEZA, POR LO QUE HAN DETERMINADO QUE MIDE MÁS O MENOS 5.8 METROS DE ALTURA.

¿Y POR QUÉ NO UTILIZARON UN METRO PARA MEDIRLA?

NO LO USARON YA QUE ES MUY DIFÍCIL CONOCER LA TALLA EXACTA DE UN ESPÉCIMEN VIVO.

http://www.dailymail.co.uk/news/article-3383750/Is-world-s-tallest-giraffe-19ft-tall-lanky-Zulu-4ft-higher-average-loftiest-species-record.html

AQUÍ PODEMOS VER UNA IMAGEN DE ZULU.

NÚMERO 2:

¿CUÁL ES EL ARMA MÁS UTILIZADA EN EL MUNDO?

CON ALREDEDOR DE 100 MILLONES DE UNIDADES DESPERDIGADAS EN EL MUNDO, EL ARMA MÁS UTILIZADA EN EL MUNDO LE CORRESPONDE A LA AK-47.

SE TRATA DE UN FUSIL DE ASALTO DISÑADO EN LA DÉCADA DE LOS 40 POR MIJAÍL KALÁSHNIKOV, QUE POR CIERTO FALLECIÓ EN 2013 A LA EDAD DE 94 AÑOS.

ESTE MILITAR QUE PERTENECÍA A LA UNIÓN SOVIÉTICA, RESOLVIÓ UN PROBLEMA DE UN ARMA DE CARTUCHO MEDIO QUE MEJORARA EL ALCANCE Y CADENCIA, ES DECIR, LA CANTIDAD DE PROYECTILES QUE DISPARA EN UN DETERMINADO PERIODO DE TIEMPO.

ESTA ARMA HA SIDO UTILIZADA EN CENTENARES DE EJÉRCITOS Y ADEMÁS EN INFINIDAD DE MILICIAS Y GUERRILLAS.

CON UN CALIBRE DE 7.62 MM, EL ARMA PESA ALGO MÁS DE 5 KG. CUANDO SU CARGADOR ESTÁ LLENO, Y CON UNA CAPACIDAD DE 30 BALAS, LAS CUALES SE PUEDEN VACIAR EN MENOS DE TRES SEGUNDOS.

SIN DUDA ES UN ARMA MUY PELIGROSA.

https://en.wikipedia.org/wiki/Mikhail_Kalashnikov

NÚMERO 3:

¿EN QUÉ CONSISTE LA TEORÍA PIXAR?

http://www.uniat.com/pixar/

TODAS LAS POPULARES PELÍCULAS DE DIBUJOS ANIMADOS PRODUCIDAS DESDE 1995 POR LOS ESTUDIOS DE PIXAR, CON SEDE EN EMERYVILLE (EE.UU.), ESTARÍAN CONECTADAS POR UN HILO CONDUCTOR, DE FORMA QUE SON SUCESIVAS ETAPAS DE UNA CRONOLOGÍA UNIVERSAL QUE COMIENZA CON LA PRINCESA BRAVE, AMBIENTADA EN EL MEDIEVO ESCOCÉS, HASTA WALL-E QUE SERÍA LA MÁS FUTURISTA.

ESA ES LA TEORÍA DE JON NEGRONI, UN JOVEN QUE HA ANALIZADO LAS REFERENCIAS CRUZADAS DE LAS PRODUCCIONES CINEMATOGRÁFICAS DE PIXAR.

SEGÚN ÉL, TODOS SUS FILMS REFLEJAN UN ÚNICO GRAN TEMA:

LA EVOLUCIÓN DE LOS ANIMALES Y LAS MÁQUINAS, CADA VEZ MÁS DOTADOS DE CUALIDADES HUMANAS HACIA UN CRECIENTE ANTAGONISMO CON LAS PERSONAS.

ESTA ES LA TEORÍA DE JON NEGRONI. ¿TÚ CREES QUE ESO ES CIERTO?

SI QUIERES, DÍNOSLO EN LOS COMENTARIOS.

NÚMERO 4:

¿QUÉ CONOCE GOOGLE SOBRE NOSOTROS?

http://www.xatakandroid.com/productividad-herramientas/google-para-android-se-renueva-nuevo-logo-y-nuevo-diseno-para-now-y-search

EL COLOSO DE INTERNET POSEE UNA GIGANTESCA COLECCIÓN DE NUESTROS DATOS, GRACIAS A SUS MUCHOS NEGOCIOS Y SERVICIOS EN LA RED. NO SOLO ES UN BUSCADOR DE PÁGINAS WEB; TAMBIÉN ES EL RESPONSABLE DEL MAYOR SISTEMA OPERATIVO DE LA ERA MÓVIL (ANDROID), EL PROVEEDOR DE CORREO ELECTRÓNICO DE MÁS DE 1.000 MILLONES DE PERSONAS (EN ESTE CASO ESTAMOS HABLANDO DE GMAIL), UN ENORME AGENTE PUBLICITARIO, EL CREADOR DE LOS MAPAS DIGITALES MÁS UTILIZADOS EN EL MUNDO Y ADEMÁS EL PROPIETARIO DE YOUTUBE ENTRE OTRAS COSAS.

LO PRIMERO QUE CONOCE ES TU HISTORIAL DE BÚSQUEDAS. LO ALMACENA DURANTE DIECIOCHO MESES ASOCIADO A UNA COOKIE, UN INDICADOR QUE SE INTALA EN EL PC O EL MÓVIL CUANDO NAVEGAS POR PRIMERA VEZ EN LA WEB DE GOOGLE. SI ESTÁS DADO DE ALTA COMO USUARIO DE GOOGLE, ESTA COOKIE PERMITE IDENTIFICARTE CON TUS DATOS.

AL ACABAR ESE TIEMPO, LA EMPRESA CONVIERTE EN ANÓNIMOS LOS DATOS PARA SU USO INTERNO. ESTE SISTEMA HACE QUE LOS ANUNCIOS TE PERSIGAN POR LA RED.

TAMBIÉN CONOCE TU UBICACIÓN GRACIAS A LA COMBINACIÓN DE DISPOSITIVOS DE MÓVILES Y LAS DIFERENTES VERSIONES DE SU APP DE MAPAS.

google

Las 3 claves del (enésimo) cambio en los anuncios de Google

NÚMERO 5:

¿CUÁL ES EL AVIÓN MÁS LUJOSO DEL MUNDO?

DAMAS Y CABALLEROS LES PRESENTO AL SKYACHT ONE:

http://www.dailymail.co.uk/travel/travel_news/article-3390146/Is-luxurious-private-jet-world-56million-Skyacht-One-five-opulent-rooms-cocktail-bar-walk-shower-no-wonder-s-billed-superyacht-fly.html

A LO MEJOR POR FUERA TE PARECE UN “SIMPLE AVIÓN´´.

PUES ESO ES PORQUE NO LO HAS VISTO POR DENTRO.

http://www.dailymail.co.uk/travel/travel_news/article-3390146/Is-luxurious-private-jet-world-56million-Skyacht-One-five-opulent-rooms-cocktail-bar-walk-shower-no-wonder-s-billed-superyacht-fly.html

BUENO PUES YA LO HABÉIS VISTO, AHORA LES VOY A HABLAR SOBRE ESTE AVIÓN TAN LUJOSO.

COMO YA DIJE ANTES, ESTE AVIÓN SE LLAMA SKYACHT ONE Y HA SIDO DISEÑADO POR EDDIE SOTTO, QUIEN SE HA INSPIRADO DE UN ADINERADO ESTADOUNIDENSE DE LOS AÑOS 30: GEORGE WHITTEL JR.

CUALQUIER PASAJERO QUE ENTRE EN ESTA AERONAVE, PASARÁ POR UNA MULLIDA ALFOMBRA Y SE ENCUENTRA CON UN RELOJ INSPIRADO EN UN SEXTANTE ARÁBIGO. TODO A BORDO ES PURO REFINAMIENTO: ELMENTOS DE MADERA NOBLES, MURALES ETC. EL PRECIO DE EL AVIÓN ES DE 80 MILLONES DE EUROS.

NÚMERO 6:

¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE LA PRIMA DE RIESGO?

http://www.eleconomista.es/espana/noticias/6392736/01/15/La-prima-de-riesgo-espanola-baja-a-105-puntos-por-el-alza-del-bono-aleman.html

LOS PAÍSES NECESITAN PEDIR CRÉDITOS PARA LLEVAR A CABO SUS PROYECTOS.  Y ENTONCES, LANZAN LO QUE SE LLAMA DEUDA SOBERANA, QUE SE SUBASTA A UN PRECIO QUE VARÍA EN FUNCIÓN DE LA DEMANDA O DEL PLAZO, Y RECIBEN DINERO PRESTADO POR EL QUE TENDRÁN QUE PAGAR UNOS INTERESES. LOS TÍTULOS DE DEUDA SON ADQUIRIDOS POR INVERSORES INSTITUCIONALES A CAMBIO DE UN PORCENTAJE QUE SERÁ MÁS ALTO CUANTO MÁS TIEMPO DEN A LOS ESTADOS PARA QUE DEVUELVAN EL DINERO.

LA PRIMA DE RIESGO ES EL SOBRECOSTE ENTRE EL INTERÉS QUE SE PAGA POR LA DEUDA DE UN PAÍS QUE EL QUE SE PAGA POR LA DE OTRO , Y PATRÓN DE REFERENCIA ES EL BONO ALEMÁN, CONSIDERADO EL MÁS FIABLE.

NÚMERO 7:

¿CÓMO SE PREPARA UN AGENTE DEL FBI?

agentesecreto

http://currar.de/agente-secreto/

LA ACADEMIA DE LA OFICINA FEDERAL DE INVESTIGACIÓN ESTADOUNIDENSE ESTÁ UBICADA A 64 KM DE WASHINGTONG D.C. (CAPITAL DE ESTADOS UNIDOS). ANTES DE ENTRAR EN ESTA ACADEMIA, MILES DE PERSONAS SON EXPULSADAS TRAS SOMETERSE A UN DURÍSIMO PROCESO DE SELECCIÓN.

LA INSTRUCCIÓN DURA 20 SEMANAS Y SE DIVIDE EN 4 ÁREAS LAS CUALES SON: ESTUDIOS ACADÉMICOS, CASOS PRÁCTICOS, MANEJO DE ARMA (Y TIENE 110 HORAS DE INSTRUCCIÓN) Y POR ÚLTIMO CAPACIDADES OPERATIVAS.

EN CUANTO A LA TEORÍA, LOS SIGUIENTES AGENTES APRENDEN DERECHO, FUNDAMENTOS DE ÉTICA, TÉCNICAS DE INVESTIGACIÓN, INTERROGATORIOS, ESTUDIOS FORENSES Y LUCHA CONTRA CIBERTERRORISMO ETC.

EN LA PARTE PRÁCTICA REALIZAN SITUACIONES CASI REALES, EN UNA CIUDADECORADO DONDE HAY ACTORES QUE INTERPRETAN EL PAPEL DE CRIMINALES O TAMBIÉN TERRORISTAS. LA CIUDAD SE LLAMA HOGAN´S ALLEY.

Y POR ÚLTIO, LA FORMA FÍSICA TAMBIÉN SE CONSIDERA FUNDAMENTAL EN QUANTICO: LOS ASPIRANTES TIENEN QUE REALIZAR PRUEBAS TAN EXIGENTES COMO REALIZAR POR EJEMPLO: 40 ABDOMINALES POR MINUTO O TAMBIÉN CORRER 300 METROS EN MENOS DE 45 SEGUNDOS.

http://www.publico.es/culturas/agente-secreto-anacleto-reaparece-cine.html

NÚMERO 8:

¿POR QUÉ LE DUELE LA ESPALDA A TANTA GENTE?

http://centromezieresmiro.blogspot.com.es/2014/04/mucha-paciencia-con-el-dolor-de-espalda.html

EN ALGÚN MOMENTO DE NUESTRA VIDA ENTRE UN 60% Y UN 80% DE LAS PERSONAS SUFRIRÁ MUCHAS MOLESTIAS DE ESPALDA. LOS EVOLUCIONISTAS ASEGURAN QUE ESTO ES ALGO INEVITALBLE: SERÍA UN EFECTO SECUNDARIO DE CAMINAR ERGUIDOS Y APOLLAR NUESTRO PESO EN LAS PIERNAS, YA QUE LA COLUMNA VERTEBRAL FUE ORIGINALMENTE DISEÑADA PARA ESCALAR ÁRBOLES.

LA BUENA NOTICIA ES QUE ESTO SE PUEDE PREVENIR DE ALGÚN MODO. PERO NO SOLO EVITANDO MALAS POSTURAS. LINDA CAROLL Y SUS COLEGAS DE LA UNIVERSIDAD ALBERTA EN CANADÁ, ASEGURAN QUE SI TIENES ALGUNA DEPRESIÓN, NOS VUELVE CUATRO VECES A SER MÁS PROPENSOS A PADECER DE LA COLUMNA.

SEGÚN LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD, ESTE DOLOR LO SUFREN MÁS PERSONAS QUE OTRAS QUE TIENEN OTROS DOLORES, ENFERMEDADES ETC. POR EJEMPLO SUPERA A LA MALARIA, EL CÁNCER O LA DIABETES.

NÚMERO 9:

¿QUÉ ES EL PROYECTO SKYBENDER?

http://www.theverge.com/2016/1/29/10873676/google-project-skybender-drones-5g-internet

PUEDE QUE LO CONOZCAS O A LO MEJOR PUEDE QUE NO,PERO EL PROYECTO SKYBENDER ES UN INVENTO INCREÍBLE.

EN MUCHOS PAÍSES, LAS REDES DE TELEFONÍA ESTÁN YA EN LA CUARTA GENERACIÓN, UN CONJUNTO DE PROTOCOLOS Y TECNOLOGÍAS QUE PERMITEN ALTAS VELOCIDADES DE DESCARGA MEDIANTE UNA CONEXIÓN MÓVIL, A VECES INCLUSO HASTA 50 MBOS, QUE ANTES ERA ALGO IMPENSABLE. PERO LA TECNOLOGÍA NO PARA DE EVOLUCIONAR Y NO PARARÁ DE SORPRENDERNOS.

LAS OPERADORAS DE TELEFONÍA YA ESTÁN TRABAJANDO EN 5G, QUE BUSCA ACELERAR LAS COMUNICACIONES Y LLEVARLAS A LOS RINCONES DEL MUNDO AÚN SIN INTERNET.

Y UNO DE LOS PROYECTOS CON MÁS FUTURO, ES DEL QUE ESTAMOS HABLANDO, EL PROYECTO SKYBENDER

FUE CREADO POR GOOGLE QUE UTILIZARÁ UNA SEÑAL DE 28 GHZ PARA LOGRAR VELOCIDADES CUARENTA VECES SUPERIORES A LAS DE HOY. NO TIENE NINGÚN TIPO DE ANTENAS POR LO QUE USAN AERONAVES NO TRIPULADAS CAPACES DE VOLAR DURANTE  VARIOS DÍAS, O DE GLOBOS AEROSTÁTICOS QUE USAN GOOGLE EN EL PROYECTO LOON PARA DAR ACCESO A INTERNET DONDE NO HAY.

https://www.google.com/intl/es-419/loon/how/

NÚMERO 10:

ÁREAS NATURALES PROTEGIDAS MÁS AMENAZADAS.

EN ESTE ÚLTIMO PUESTO LES VOY A ENSEÑAR DOS ÁREAS NATURALES PROTEGIDAS QUE TIENEN UNA BELLEZA INDESCRIPTIBLE PERO SON UNAS DE LAS MÁS AMENAZADAS DEL PLANETA. Y ENTRE ESTAS DOS ÁREAS NATURALES EN PELIGRO, SE ENCUENTRAN:

PARQUE NACIONAL LOS GLACIARES. EN ARGENTINA:

http://www.kostenaike.com.ar/es/actividades/

ESTA RESERVA SE SITUA AL SUROESTE DE LA PROVINCIA DE SANTA CRUZ EN LA PATAGONIA ARGENTINA, DONDE ALBERGA EL MAYOR CAMPO DE HIELO DEL MUNDO FUERA DE LAS ZONAS POLARES DE GROENLANDIA.

LA MAYORÍA DE SUS 47 GLACIARES SE ESTÁN DERRITIENDO POR LA SUBIDA DE LAS TEMPERATURAS, CON EL CONSIGUIENTE IMPACTO SOBRE LOS ECOSISTEMAS DE LA ZONA. TAMBIÉN INFLUYEN LA INTRODUCCIÓN DE ANIMALES DOMÉSTICOS: VACAS, CABRAS, GATOS ETC. PERO SOBRE TODO INFLUYE LA INVASIÓN HUMANA.

MAR DE FRISIA. EN HOLANDA, ALEMANIA Y DINAMARCA:

http://tapasdeciencia.blogspot.com.es/2016/04/cuales-son-las-cinco-areas-naturales.html

EL MAR DE FRISIA SITUADO ENTRE LAS ISLAS FRISIAS Y EL MAR DEL NORTE, POR UN LADO, Y LAS COSTAS DE HOLANDA, ALEMANIA Y DINAMARCA POR EL OTRO, ES UNO DE LOS MAYORES ECOSISTEMAS DE ZONA INTERMAREAL DEL PLANETA, Y LA MAYOR EXTENCIÓN DE FANGALES Y BANCOS DE ARENA.

LAS AGUAS POCO PROFUNDAS Y LA AMPLITUD DE LAS MAREAS DEJA AL DESCUBIERTO EXTENSAS PLANICIES ARENOSAS QUE PUEDEN RECORRERSE A PIE. ES UN ÁREA CAMBIANTE CON MUCHOS HÁBITATS DE TRANSICIÓN: CANALES DE MAREA, ESTUARIOS, BANCOS DE ARENA ETC. EN ELLAS VIVEN INFINIDAD DE ESPECIES DE PLANTAS Y ANIMALES COMO FOCAS COMUNES, MARSOPAS Y ENTRE 10 Y 12 MILLONES DE AVES MIGRATORIAS QUE PASAN POR ALLÍ CADA AÑO.

PERO LA ACCIÓN HUMANA HA ALTERADO LA LÍNEA DE LA COSTA, Y LA SUBIDA DEL NIVEL DEL MAR POR EL CALENTAMIENTO GLOBAL, HACIENDO QUE ASÍ POCO A POCO LA PLAYA

DESAPARECERÁ.

TENEMOS QUE HACER ALGO DE UNA VEZ POR TODAS PARA ACABAR CON TODO ESTO.

GRAN PARTE DE LA INFORMACIÓN LA HE SACADO GRACIAS A MUY INTERESANTE. UNA REVISTA QUE HABLA DE CURIOSIDADES DE CUALQUIER TIPO. AQUÍ LES DEJO EL LINK DE ESTA REVISTA:

http://www.muyinteresante.es/

Y HASTA AQUÍ SE HA ACABADO EL BLOG DE HOY. APÓYANOS PARA SEGUIR CON LAS PRÓXIMAS PARTES DE CURIOSO10 Y NOS VEMOS EN LA PRÓXIMA.

¡¡¡HASTA LUEGO!!!

Publicado en Proyecto Sacheto

Proyecto Sacheto: Seaf (La Fiesta)

“Nouk’hb seaf nûl ket LipSon’gf de, au bam pum’qik dik feb nûk” Melisenda, Axgiqe nixfin

  “No sé si los sachetos inventaron la fiesta, pero indudablemente conquistaron a quién la inventó” Melisenda, esposa de Arguiche     

                                             Desde que fuera erigido por órdenes de Levui, la esposa del rey Devu, el Salón de los Espejos había reflejado siempre más polvo y soledad que parejas destacando con algún baile que se moviera un ápice de las normas sociales. No obstante, era de paso obligado para acceder al resto de las estancias del palacio, aunque esto le hiciera ganarse más el nombre de ‘Salón del Paso’. Por eso, no fueron pocos los sirvientes que se pusieron más que sorprendidos cuando les fue ordenado disponer amplias mesas y acondicionar el suelo de forma que sirviera como pista de baile, ni que de súbito empezaran a entrar los distinguidos generales que un par de meses antes habían salido rumbo a la muerte (propia o enemiga). Algunos, tan viejos como el mismo palacio, no recordaban haber visto alguna vez a una persona, como no fuera criado de limpieza, permaneciendo entre el Corredor de Rubí y la Gran Escalinata de Amatista más de dos minutos seguidos. Pero aquella noche fue distinto. El primer invitado había llegado a las 11:00. Siete horas, después, 13 invitados bebían, danzaban y le daban al salón la vida que no había tenido desde el fallecimiento de su fundadora.

https://lacasavictoriana.com/category/victorianos-en-la-mesa/

                          A la derecha del Salón, apoyada contra una columna de mármol negro, Inglata, conocida por derecho propio como la condesa de Qastilgion,  bebía sorbos sin perder de vista lo que pasaba en el resto del salón. El vestido al que se aferraba aquella noche no pasaba desapercibido, una larga falda de un blanco con un tono celeste, de manga tan ancha que parecía llevar una sábana encima cuando se movía, la cual además constaba  de delicados bordes dorados, a juego con sus sandalias, era su atuendo. Dicho calzado difería de los tacones de las demás damas de la sala, a las cuales además sacaba algunos centímetros de cabeza que coronaba con una corona de olorosos claveles, los cual adornaban una generosa cascada de lacios cabellos morenos que le llegaba hasta la cintura, haciendo sombra a su pálida piel y sus grandes y penetrantes ojos castaños.

                         No muy detrás de ella, un hombre, a pesar de la fiesta, calzaba el traje de luto que, salvo en el campo de batalla, era su piel. La mujer de Staux, Nínevi, había muerto infinidad de años atrás, pero eso no había amainado un ápice su dolor, aún cuando paseando a veces a solas por el parque se encontrara con tantas y tantas ‘admiradoras’ que intentaran arrebatárselo. Razones no le faltaban, pues, amarga expresión aparte, era considerado el paradigma del apuesto caballero. De los hombres más altos que podían verse merodeando por las calles de Rácphanus, gozaba además de una complexión envidiable para su edad, curtida en décadas de marchas al galope a lomos de un caballo. Pese a su odio a cualquier evento social, pues el lugar a un solo metro del cual Nínevi hubiera pisado alguna vez podía sumirle en la más absoluta depresión, era un maestro en el arte del cuidado del acicalado: sus rizos negruzcos estaban invariablemente peinados hacia la izquierda con una precisión casi angular, aunque los solía llevar siempre ocultos por su (adivinen de qué color) sombrero de copa.

                           Arfi, obviamente, no se disponía al lado de Inglata. Los criados, maestros del cotilleo, sabían desde siempre que ella y la de Qastilgion, por razones que todos en su memoria funestamente guardaban, eran capaces de despedazarse con los tenedores que mismamente tuvieran en la mano si se cruzaban a menos de un metro, así que se habían dispuesto sus comidas favoritas muy alejadas entre ellas. Hasta en su aspecto físico eran diferentes, como si se prepararan para diferir de la otra: a diferencia de lo que Inglata llamaba su ‘bella elegancia clásica’ , alabada como símbolo de buen gusto, Arfi prefería otras combinaciones. Si la condesa se peinaba cada noche una melena lacia y castaña, la duquesa llevaba una ristra de rubias ondulaciones hasta los hombros. Si en Qastilgion cualquier mensajero había de contarlas con los los ojos de roble de la condesa clavados en su presencia, en Antioqi los zafiros de la duquesa se decía que que brillaban hasta en la noche. Si la una, en verano o invierno, no salía a la calle sin sus ornamentados vestidos, aunque con la comodidad de sus talones no jugaba bajo ningún concepto tras las heridas que se había hecho de joven, la otra no tenía un solo reparo en llevar sus celebérrimos tacones de diamante y la falda hasta la rodilla, lo cual, ciertamente, no estaba de ninguna forma prohibido, pero solo ella, para contrarias a Inglata, se atrevía a llevar. Era casi imposible pensar que alguna vez, cuando niñas, la expresion “Arfi e ‘Gata” fuera casi un sinónimo amistad. Pero las cosas fueron invirtiendo y su amistad se fue convirtiendo en un odio salvaje, casi con tinte genocida.

https://rceliamendonca.wordpress.com/page/111/

No muy lejos de allí, una curiosa pareja discutía con dos copas de vino en la mano cual sería la mejor flor para adornar el jardín. Viuli Akue, considerada por muchos , a una cierta distancia de Inglata, la mejor general sacheta, apostaba por rosas, quizá por las dos flores de Adagi que, apoyadas sobre sus orejas, adornaban aquella preciosa bohemia trenza de miel . Su marido Qaxet, el apodado ‘aquel desafortunado comandante’, abogaba por lirios, uno de los cuales, al que comparaba con su mujer, sostenía con una mano recubierta por su sempiterna levita dorada. Viuli, que ataviaba una tela escarlata , acercó el lirio a su nariz y se embriagó rápidamente con el suave olor mientras sus almíbares ojos se cruzaban con los verdes de su esposo. Entonces, ambos sonrieron pícaramente y prosiguieron la discusión.

Cerca de los pasteles de chocolate, departía también otro matrimonio. La dama en cuestión se llamaba Cureli,para amigos y enemigos, la gata negra de Feiaci, unos por su densa melena de rizos oscuros hasta los hombros y los otros por la mala suerte que daba cruzársela. Su vestido celeste, casi de la longitud de la cola de un traje de novia, solo solía ser eclipsado por el de su subordinaba Mawi, quien en el viaje había contraído una ligera gripe y había decidido declinar la invitación. El caballero era Ansor, el general más veterano de cuántos había en aquella sala. En el reinado de Devu ya había aparecido gestionando la tan necesaria reforma del equipamiento, así como la defensa frente a los declinantes valow’gf. Durante el reinado del emperador, él y sus Lanceros Alados había barrido las inmensas Grandes Llanuras de praferchos. De vuelta a Rácphanus entre vitores, quedó prendado de Cureli y no paró de cubrirla de regalos y alabanzas hasta que consiguió conquistarla. No en vano, a pesar de que los años iban pasando con lentitud a su pelo gris una gran factura, no obstante, sus ojos marrones seguían transmitiendo la intensa llama que el resto de su cuerpo no podía dar por él. Su última campaña había tratado de sofocar la gran rebelión de Juanma, donde, a pesar de su resistencia, el tesón y paciencia mitarcha había vencido a la indisciplina rival.

http://anacronicosrecreacionhistorica.blogspot.com.es/2013/06/la-temporada-londinense-durante-la-era.html

                               Jirayete, con sus inconfundibles bucles dorados enmarcados sobre sus verdes ojos, apenas podía no estar incómoda entre tres hombres. Era, a diferencia de Ansor, la más joven, y aunque la llenara de orgullo, también la intimidaba de vez en cuando. ¿Cómo no hacerlo con el corpulento Arno, con su espesa barba de roble y sus ropajes de caballero en pleno fiesta cortesana? ¿O Dusarle, a su diferencia ser esbelto, con ese aire de suficiencia que inspiraba desde la altura de sus negruzcos rizos que tan bien entonaban con sus ojos? ¿Quizá con Sarecu, voz ronca envuelta siempre en su engalanado traje de etiqueta y su rubio mostacho y pelo? No mucho más allá, la rubia melena de Lidi ocultaba la cabeza de aquel vestidillo blanco que con tanta pasión trataba de compensar sin miedo al que dirán los meses de ausencia  besando como una loca a su caballero, aún con su ridículo atuendo del que solo asomaban ojos grises y saltones. Todos, en fin, bailaban y festejaban su vuelta sanos y salvos de una guerra que pensaban ya no iba a volver. Solo una duda proseguía en sus cabezas, pero ya sin importancia: ¿por qué había el seco emperador José Javier convocado una fiesta y no se presentaba en ella? En Rácphanus había locales suficientemente grandes para hacerlas, y algunos de las casas tenían relativamente poco que envidiar  del palacio. ¿Qué bullía en su mente?

 

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Proyecto Sacheto:Vuelta a Casa

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 Los rayos pálidos del sol teñían de purpura las olas doradas mientras los veleros avanzaban hacia el horizonte, arrullados por el suave viento que silbaba en las velas. Los marineros ,ociosos, se aferraban aún a sus puestos, algunos, recién recuperados de las feroces batallas  en los camarotes, soñando ya casi con una copa de vino blanco y una silla en el bar rodeados de amigos y familiares. Sus mentes ya habían soltado los cabos y vagabundeaban por las calles de alguna plaza, jugando con unos niños que apenas habían tenido de conocer, besando con un auténtica pasión el cuello de una compañera que aferraba sus cuerpos con pasión auténtica, susurrando entre sus oídos todo lo decible menos aquellos momentos en los que, en el fragor del combate, en una lucha para la que no había revanchas, lloviendo flechas y fuego encima, batiendo cada segundo a la misma muerte en una lucha perdida en la que solo su recuerdo les había mantenido vivos.

                            El grito se expandió por toda la cubierta. Hasta los lisiados corrieron a la cubierta, incapacitados para quedarse quietos sin asegurarse de que el rumor que se oía era cierto. Pocos se lo creían, pero era cierto: la gran estatua de Siaru, el símbolo insustituible del puerto de Pleiz, se erguía como una inconfundible sombra en el horizonte. No había amainado aún el griterío cuando el barco entraba ya en pleno centro de Rácphanus y apenas se echaron los puentes a tierra, el barco quedó desierto.

                             No muy lejos de allí, ajena al estruendo que había a su alrededor, una mujer se sentaba melancólica en el sillón de uno de los refinados restaurantes sachetos. A pesar de su enorme patrimonio, la condesa de Qastilgion no conseguía diluir sus penas en el vino. La había esquivado años ocupándose como había podido trabajando a destajo mientras tuvo la oportunidad, pero ahora, sola como la una entre tal mar de enamorados, no podía menos que contener el llanto en silencio. Los minutos transcurrían lentos e impasibles rebasando el tiempo convenido. Siete en punto. Siete y uno. Siete y dos. A las siete y tres una sombra a su espalda le tapó el sol. Con el reflejo del vino, distinguió la cara y no tardó en dejar de bañar sus mejillas en lágrimas y aflorar una sonrisa.

-Pensé que habrías muerto.

-¿Morir? Prometí que solo la muerte me separaría de ti, y créeme que le he dejado muy claro que eso es solo un formalismo.

              No se contuvo más. Inglata se dio la vuelta y se colgó de los hombros de su marido, como solía hacer siempre que lo abrazaba.

-Dusarle, mi amor…-decía buscando incansable sus labios

-Inglata, cariño-le respondía él fundiendo sus bocas en un intenso beso.

                           Enamorados como cuando se pusieron los anillos en la mano, sus cuerpos se unieron durante largos minutos sin que ni el uno ni la otra suavizaran un instante el pulso de sus labios. Hasta que la condesa notó como su marido le acariciaba suavemente el cabello, lo que solía hacer cuando quería decirle algo.

-Adivina quién viene por ahí

-No tengo ganas de adivinanzas, cielo

-No era tan difícil, la duquesa de Antioqi y el de Piat

Inglata volvió repentinamente su expresión un rictus de rabia y se giró con extremada violencia.

-¿Arfi y Sarecu? ¿La zorra egipcia y su marido?¿Dónde anda esa perra?

-En el mismo lugar que la loba fácil de Fouta-le contestaba su sempiterna enemiga, presente desde hacía dos minutos .

-Chicas,-Dusarle se adelantó intentando no meterse demasiado entre ellas-¿no podemos tener la fiesta en paz ni en un día de, precisamente, festejo?

-Perdona, pero yo no festejo en la misma habitación que una rata-rebatió Inglata-Que sepa hablar no la diferencia demasiado de ellos.

-¡Al menos yo sé hablar! No como ciertas asnas que increíblemente saben balbucear-no se quedó atrás Arfi.

                                                        Dusarle y Sarecu cruzaron unas miradas preocupadas; la conversación no solo subía de tono, sino también de volumen, lo que estaba haciendo girarse a varias parejas, extrañadas por el ruido. Las dos damas no paraban de echar mano a todos los insultos disponibles en el diccionario, mientras sus caballeros intentaban mantenerse a distancia sin arriesgarse a dejarlas solas, ya que en alguna ocasión sus blancos guantes había quedado manchados de rojo. Cuando cada una empezaba ya a insultar sus partes bajas, y más de una querida murmuraba ya en el hombro de su querido si no sería gentil pedir a algunos de los muchos soldados que seguían merodeando por allí si resultaría tan amable de poner orden, Sarecu echó una mirada a su alrededor buscando cualquier cosa que pudiera ayudarles a escapar con vida de allí. Y lo encontró.

                                    -Adivina, adivinanza, ¿quién va a ser nuestra esperanza?- susurró a su amigo apoyándose en el hombro.

                                        Dusarle estiró la cabeza y vio a que se refería, sonriendo instantáneamente. 

                                             También las dos muchachas giraron la cabeza al oír los cuchicheos.

                                 -¡Lidi!-estuvieron ambas por una vez de acuerdo.

             La feyaza cruzó las calle con su sempiterna sonrisa y se plantó ante las que antes discutían.

                                                   -¡A los buenos días! ¿Se me echó de menos?-sin esperar respuesta, prosiguió, como solía hacerlo-Se ve que sí. No tenéis otra cosa que hacer que perder la compostura. -seguidamente miró cómica a los caballeros, que contemplaban la escena un poco atrás, por si las cosas volvían a calentarse-No sé por qué no vienen a pararos esos maridos tan… serviciales con los que os habéis casado.

                                             -Fue a hablar la que aún no sabe dónde está el suyo-Dusarle siempre carecía de pelos en la lengua.

                                                             Lidi le miró un momento con desdén. El comentario le había dolido, ya que, efectivamente, aún no había podido encontrar a su esposo y se encontraba entre dos parejas ya perfectamente formadas.

                                           -Eres increíble. No sabes percibir una broma, ¿verdad? Intento pasar el rato y olvidarme un momento de la soledad que me acongoja y solo recibo esto. ¿Te parece razonable?

                                        -Lidi,…-Dusarle parecía querer decir algo, pero no era, por el tono, una disculpa.

                                -Oh, cállate, no he pedido tu opinión. No estoy para disculpas ahora. Tú eres un hombre y puedes decir lo que te venga en gana, pero no, yo soy una mujercita y tengo que hablar con finura y elegancia. Pues no,-dijo dando un pisotón. Su cara estaba roja-no me da la real gana.

                                          -Lidi,…-Arfi también parecía tener algo que decir.

                    -¿Tú también? Pensé que eras mi amiga. Pero la verdad, no sé por qué me paro aquí. Todos vosotros os habéis encontrado nada más entrar, ¿qué vais a entender de mi situación?

                    -Lidi,…-Sarecu salió a repetir la cantinela.

                  -¿Sabéis qué? Me dais asco. Asco porque no solo sois felices donde yo fracaso, sino que además  me lo restregáis por la cara defendiéndoos los unos a los otros. Se acabó. Yo no aguanto más.-Acto seguido, salió corriendo y gimiendo, pero del despiste tropezó apenas dio tres pasos y cayó al suelo.Unos transeuntes intentaron ayudarla, pero ella los rechazó sin miramientos-¡Apartaos todos! ¡No quiero vuestra sucia ayuda! No sé por qué pierdo el tiempo con los que dicen ser mis amigos  y no resultan ser más que unos cerdos. Me voy a escuchar la historia de la muerte de mi marido, que seguro que al menos muriendo lo hizo mejor de lo que vosotros habéis hecho nunca naciendo como hijos de unas…

                                            Llgeados a este punto, la condesa de Qastilgion se colocó al lado suyo, se agachó y se puso a zarandearla.

                                           -¡Lidi!-le gritaba Inglata y le dejó de mover para que respirara un poco.

                                              -¿Qué?-chilló ella casi al borde del desmayo, a lo que los cuatro señalaron en la misma dirección. 

                                                     El lugar al que señalaban, conocido popularmente, como el Parque del Libro (Nans Kôen) era una pradera verde repleta de árboles salpicada por el agua  de sus estanques, aunque en esos momentos estuviera completamente atiborrado. En su puerta se paseaba un caballero, como mínimo, peculiar. Iba ataviado con un vestido ancho,casi hasta los pies, de fondo dorado, pero recubierto de animales extraños pintados con vivos colores, y el cuello de este se plegaba como si de una capa quisieran formar.En torno a su cuello llevaba un zafiros tallados en forma de canica y sobre su cabeza un sombrero parecido a una boina, con los bordes negros, el recubierto rojo y una curiosa torre de diamantes rematándolo. A pesar de sus atuendos, y de que a primera vista su traje pudiera confundirlo con una mujer, aquellos ojos esmeralda enmarcados por cejas grises eran inconfundibles: Zanu Arjiens, Comandante de la Compañía Mitarcha de Zindau, gobernador de las provincias orientales, general… y marido de Dña. Lidi Tsivi.

                                                 -Zanu…-murmuró ella sorbiéndose las las lágrimas.

                                                              A pesar de ser un chillido inaudible, la oyó. Y al darse la vuelta y encontrársela de frente, corrió como alma que lleva el diablo y se fundió con ella en un abrazo.

                                               -¡Lidi!

                                                -¡Zanu!

                                                                            Sus besos y caricias se prolongaron tanto como no se percataron de que los demás les estaban mirando.

                                                -Oye, Zanu, por curiosidad-interrogó Dusarle-¿dónde te habías metido?             

                                              -¿Yo? Pues en mi casa tranquilamente, esperando a qué llegarais el resto. Llevo aquí desde hace dos días. La ventaja de tener que pelearte continuamente con la Almirante de Flota es esa.

                                                  Al oír eso último, los cuatro lanzaron una mirada inquisidora a Lidi. Zanu se percató.

                                         -¿Qué pasa, fue muy plasta en la espera?-dijo riéndose.

   -Oh, que va, solo un pelín…-contestó Dusarle

-poquitín…-matizó Arfi

-bastantín..-apostilló Sarecu

-extremadamente muchitín plasta-completó Inglata.

                                                            Zanu se rió a carcajadas mientras Lidi se sonrojaba y fulminaba a todos con la mirada.Una vez calmado, dijo:

                        -Por cierto, os estaba buscando.

-Creo que todos nos estábamos buscando a todos. Aún nos falta por pillar a Ansor, a Cureli, a Jirayete, a Qaxet, a Biulói…-contestó Dusarle.

                               -Eh, no, no me entiendes. Se nos ha invitado a una fiesta y todos ya están allí. Faltáis vosotros.

                            -¿Una fiesta?¿Dónde?

                           -En palacio

                                                                         A todos se les quedó un atisbo de duda. José Javier, el Emperador de Mitarch, no solía usar nunca el Salón de los Espejos del Palacio de Rácphanus. Y tampoco era muy expresivo en cuanto a celebrar victorias.Para él, la victoria era el trabajo que se debía hacer, y la derrota una holgazanería. Mientras en la mente de todos se conjuraban extrañas teorías para explicar qué festejaría un hombre que solo dejaba oír su voz para reprochar con mucha dureza cualquier cosa que fuera de su desagrado al Senado, la de Inglata estaba intentando hacer el inventario de los trajes  de su armario para cambiarse lo más rápido posible.

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La Paloma (6 y fin): Una paloma con hemorroides…Una cazadora armada…Una persecución sin piedad por toda Las Palmas

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Y de repente, volví a sentir. No fue agradable; fue el enésimo, pero último de los golpes en la cabeza que me llevaba dando. Repentinamente, volví a sentir como si todo ese cuerpo que no podía ver se moviera a gran velocidad y entonces, entonces sí, recibí un fortísimo golpe que me despertó la frente. Mi cuerpo entero comenzó a temblar y a desvelar que aún existía: primero mi cabeza, después el cuello, siguió bajando hasta la tripa y se extendió como un rayo por mis piernas. Y entonces, cuando me sentí segura, abrí los ojos. Y lo que vi fue tan impresionante que la boca se me quedó mas abierta que la estimación de escaños en las elecciones, pero aun no podía gritar: estaba en mi habitación. El sol se abría paso por la ventana inundando la habitación con su luz y calor, la púrpura manta me cubría un cuerpo vestido con ese pijama de rayas naranjas que tanto me encantaba. La cabecera de la cama de arriba me aportaba sombra con sus pulcra y dura madera de castaño, probablemente con lo que me había dado el golpe.

 

Me quedé un rato mirando silenciosa la habitación, frotándome los ojos una y mil veces, saliendo a la terraza buscando ordenadores de diez años atrás y encontrándome las cosas en su sitio, las rosas y margaritas saludándome con los brillos de sus gotas de rocío. Sin embargo, aún no estaba convencida de estar realmente en mi casa. ¿Cómo iba a estarlo tras todo lo que había pasado? Y, en ese momento, sonó el tono del Whatsapp. Era Eduardo.

-¿Dónde estás, dormilona? Por si te has olvidado, hoy es la Presentación del Proyecto de Tecnología. ¿No pensarás dejarme solo, no?

-¿Y perderme aparecer como la colaboradora en la construcción de una máquina del tiempo? Te creía más listo, Eduardo.

                  En ese momento, no sé por qué, me afloró una sonrisa entre los labios. Me había convencido al fin de que todo había sido un mal sueño y, seamos sinceras, la vida es muy larga para preocuparse por una mala nochecita. Fui al baño y me peiné lo más rápido que pude la melena, que, de tanto dar vueltas durante la pesadilla, se me había enrollado en torno al cuello de una forma que casi parecía querer estrangularme. Después, acudí rauda al armario en busca de algo que ponerme. Por más que lo intenté, no pude despegar mis ojos de la ropa que me había puesto la tarde anterior; sí, estaba aún un poco mojada, pero era uno de mis conjuntos favoritos. Lo cogí, pero no me atreví a ponérmelo.

                            Inconscientemente, estaba buscando algo. Y, de sopetón, mi mano hurgó en el bolsillo delantero derecho. No sé que buscaba, pero lo hallé: una carta doblada mil veces, con apariencia de haber sido escrita mucho tiempo atrás. Una vez terminé de abrirla, dominada por la curiosidad, me afané descifrando aquella caligrafía infantil:

              ‘A mi yo del futuro,

perdona mi brusquedad. He soñado mil veces que venías a buscarme, y, al verte, pensé que era otro sueño. Me imagino que ya sabrás, no espero que te sientas orgullosa, que la nota fue un insulto, pero pensé que sí era un sueño, quizá, por alguna probabilidad, las preguntas serían las mismas que en la vida real. De todos modos, como dice Jack (el listo de la clase, por si no te acuerdas), nada de lo que cambies en el pasado te afectará, pero lo del futuro, como esta carta, permanece. Si algún otro día vienes (y, por favor, en otro control, que mi venganza con Irene será terrible la próxima evaluación), te daré la bienvenida que te mereces.

P.D: ¿Soy al final la novia de Amadeo?;)’

 

                                                                           Justo cuando terminaba de leer la carta, Whatsapp volvió a sonar.

                                      -¿Qué máquina del tiempo, mujer? Si te he dicho mil veces que nosotros hacíamos un reloj de cuco. No es que sea espectacular, pero cuesta hacerlo, que es lo que cuenta.

                                                       El corazón se me metió en el puño mientras mi pulgar se deslizaba por el teclado escribiendo la respuesta.

                                        -Ahhhh, es verdad. Disculpa, hoy me he levantado con fiebre y estoy delirando. Creo que no voy a ir a la Feria, lo siento. Mucha suerte-acto seguido, apagué el móvil y lo dejé sobre la mesa. 

                                                                                   Esto es,a modo de testamento, lo último que escribo. Ahora mismo voy a volver a dormirme y no sé si despertaré. Pero poco precio es a cambio de reír un rato conmigo misma. Si Jack tenía razón y nada de lo que haces en el pasado te afecta, como en este caso, por muy grave que sea, tengo unos besos furtivos de los que disfrutar unos instantes…y una paloma a la que pegar un tiro.

 

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La Paloma (5): Cómo romperse el brazo a una misma

 

                                                       Aquello era irreal, no, eso no podía ser. Pensé que sería un espejo. ¿Pero quién pone un espejo en medio del patio? Nunca pensé que sobrara el dinero de esa forma para ir dejando cristales por ahí a la espera de que esos brutos que se creían Casillas se los cargaran. ¿Un reflejo? Imposible, ni el agua forma charcos en las paredes ni yo estaba girada hacia la izquierda, leyendo un libro de mates. ¿No obstante, cómo estaba yo ahí? Había viajado un mínimo de 10 veces en el tiempo en la habitación de Eduardo, y no me había dado de bruces conmigo en ningún momento. ¿Por qué ahora sí estaba delante mía? Quedé unos segundos semiescondida, observándome en silencio. Después, he de decir que la curiosidad cedió al embeleso. ¿Presumida? Un poco sí, como todo el mundo, pero no era eso lo que me fascinaba. Era verme. Llevaba media hora 10 años rejuvenecida, pero cuando es tu propio cuerpo, llegas a encontrarlo ‘normal’. Por el contrario, ahora me tenía delante mía, moviéndose, respirando, a alguien que era yo, a una persona viva que yo solo había visto en fotos que parecían de siglos antes, sonriendo quizá, pero inmóvil, atrapada, rodeada de gente ya casi irreconocible. Casi dudaba de que yo hubiera existido más allá de tres mañanas atrás. Y ahora, alguien que era exactamente yo, como nunca me habría llegado a imaginar, se sentaba delante mía.

                     No sé cuanto tiempo estuve absorta mirándome. Lo que quedaba del recreo era una miseria, pero ciertamente me pareció haber pasado la eternidad observándome. Hasta que, bruscamente, se giró hacia mí y, clavándome los ojos, me saludó.

                 – Buenos días. Te estaba esperando

                          <¿Me conoces?>, quise preguntarle, pero sencillamente me quedé en silencio, forzando la sonrisa más boba que he conseguido hacer en la vida. Me miro un segundo y después, dándose la vuelta, me dijo:

                  -Hala, ya te he dicho lo que te tenía que decir. Ya puedes irte.

                             En ese momento, reaccioné. La cogí del brazo ante su asombro, la arrastré a una esquina donde nadie nos viera y me encaré cara a cara con ella. Pensé en volver a presentarme, pero visto que ya me conocía, dios sepa de qué, me ahorré los saludos.

                  -Esto… Te equivocas, la que se va eres tú. Vengo del futuro a hacer este examen por ti. Quédate por aquí y luego bajo y te comento cómo me fue.

           Me sentí tonta hablando de esa manera, no obstante, tanto o más ridícula resultó la respuesta.

           -Ah…¿En serio? Bueno, ya puedes irte por donde has venido. Este examen lo voy a hacer yo.

                   -¿Estás loca? ¿Tienes idea de la pena de nota que vas a sacar?

                     -¿Yo? Imposible. He estudiado lo indecible y puedo asegurarte que aunque dude algu…

                 Justo en ese momento la interrumpió el timbre. Estaba buscando una excusa para interrumpirle y la encontré.

                              -Sí, sí, luego me cuentas, ahora tengo prisa, que ese control tenía el tiempo justo- la eché a un lado y me dispuse a avanzar hacia la escalera, pero entonces me agarró el brazo. Mantuve la calma y le hablé con la voz más fría que fui capaz de poner.-Suéltame YA.

                    -¡No! Ese examen voy a hacerlo ya y no vas a impedírmelo.

                En ese momento, perdí la paciencia. Me di la vuelta, con una cara ya más que a punto de estallar de la ira y la empujé contra la pared, sujetando sus brazos con mis manos. Intentó arrearme una patada, pero rápidamente la esquivé y le di un fuerte puntapié en la canilla, que la dejó medio coja y la obligó a serenarse.

                                -¿Oh, sí, en serio?- dije, con la expresión roja ya de la rabia de tantas cosas raras, y un rictus en la boca que parecía un cruce entre la risa de una hiena histérica y el Joker.-Bueno, mira, más fácil, ni para ti ni para mí, nadie va a hacer esa examen. Te voy a partir los brazos y, en lo que tardas en recuperarte, te prepararas con más ahínco.-Asustada, intentó zafarse, pero mis manos apretaron con mas intensidad sus enclenques bracitos. Yo seguía conservando mi fuerza de adulta y estaba dispuesta a usarla.

             En ese momento se desató mi vena sádica. Antes tenía prisa por irme, ahora, con la situación bajo mi control, sin que nadie fuera a hacerlo, quise divertirme un poco, antes de que alguien viniera a buscar a su compañera.

                         -Dame una, una sola y mísera razón por la que no debería hacerlo- le dije riendo, pero mi risa se calló cuando la vi sonreír.

                  -Venga, dime esa razoncita para seguir riéndome.

               Hizo su sonrisa aún más amplia y, antes de que abriera la boca, empecé a presentir lo peor.

                      – Si has venido hasta aquí es porque suspendiste, pero si suspendiste, es porque no viniste hasta aquí- me soltó y, de forma anormal, empezó a reírse como una maníaca.

                                       ¿Habéis sufrido alguna vez un golpe en la cabeza con una potencia parecida a la de la suma de un golpe del bate del mejor jugador de béisbol, un penalti furioso y setenta y ocho rebotes de baloncesto sin que os estallara? Eso sentí yo. De repente, dudo si fue ella o el destino, un repentino dolor en la cabeza me hace retroceder mientras ella se seguía riendo como una histérica. Mientras intento recuperarme, de repente el suelo desaparece bajo mis pies. No sé si estoy cayendo, sencillamente dejo de sentir bajo mis zapatos. Miro a mi alrededor, pero todo es oscuro. Es el vacío. Había intentado hacer lo que me había venido en gana violando las leyes del tiempo que Eduardo había intentado explicarme. Y ahora voy a sufrir mi merecido. Al poco, las piernas dejan de hacerse sentir,parece que mi cuerpo acaba en mi cintura. Intento usar los brazos para nadar, huir de allí. Pero pronto quedan tiesos y empiezan a desaparecer lentamente, engullidos por la oscuridad: primero la punta de los dedos, luego la muñeca entera, prosigue hasta el codo. Entonces lo comprendo; voy a morir. Y me echo a llorar. Pero de nada sirven ya los lamentos; la única lágrima que consiguió alcanzar mi mejilla se quedó ahí quieta, convertida en una estatua. Pronto solo queda mi cabeza, la oscuridad acalla entrando en mi boca cualquier silencioso e inútil lamento que hubiera podido hacer, me quedó rápidamente sin nariz, pero ya no es necesaria, ahí no se puede retirar. Finalmente, dejo de sentir, solo mi pensamiento sigue un rato prolongándose como eco por ese vacío y, lentamente, el grito se convierte en un ruego, en una inaudible chillido de ratón, y termina integrándose en el silencio.

 

 

 

 

 

 

 

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La Paloma (4): Reflexiones de una Saltarina a la Lluvia de Marzo

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                     Si la madrugada de diez años después me podría haber ahorrado un buen baño por aquella lluvia, al lado de lo que caía sobre mis muñecas desnudas aquella mañana de fines del invierno era una llovizna, el leve ulular de una brisa veraniega. Las gotas heladas se deslizaban boca abajo por los cristales de las ventanas espiando mi presencia , el frío buscaba incansable un hueco de mi piel donde pudiera hacerme tiritar cada hueso y la escarcha formaba una telaraña en los cabellos, convirtiendo el color limón del que tan orgullosa en una suerte de bucles crema que me llegaban a mitad de espalda. En aquel clima de perros es la única vez, en cuarto de siglo que llevo paseándome por España, que me he arrepentido de mi trajecito de ‘mariquita’ (vestido hasta la rodilla rojo con lunares blancos y unas bailarinas negras), por lo demás, mki combinación preferida, y de mucho éxito hay que decir. ¿Pero qué hacía yo congelándome, borrando de la historia diez años de historia? No lo he comentado, pero si la humillación fuera una tinta roja, el 4 de marzo estaría marcado en todos mis calendarios con sangre.En aquellos momentos, he de decir que no parecía muy preocupada por ello. El tiempo te vuelve a poner como estabas entonces,y yo, repentinamente, volvía a ser una jovencita de poco más de 10 años con su enorme paraguas. Las piernas me bailaban y correteaban por el patio del colegio como el cuerpo hacía ya varios meses se negaban a hacer.Con agilidad, como un juego, saltaba entre los charcos como un pajarito. Disfruté de lo lindo. Hasta que, de repente,un salto un poco corto me inundó la bailarina izquierda de agua, entrecerró mis ojos, quitó mi sonrisa y me recordó por qué estaba allí.

                                        Puede que alguien que lea esto piense que soy una pésima estudiante tras leer lo que le hice al pobre Eduardo. Nada más lejos de la realidad. No es algo de lo que me sienta orgullosa, pero, aunque mi rendimiento en la universidad no es perfecto, tampoco es desastroso. Hubo una época en que eso pudo haber cambiado, una época que fue el punto álgido de mi mejor época de estudiante; esa época recibe comúnmente el nombre de febrero.Siempre tuve, hasta ese momento , por ejemplo, una feroz competitividad con una compañera llamada Irene. Y en ese momento, la partida se inclinaba irremisiblemente de mi lado. Una energía absoluta, una euforia sin igual, una suerte sin paliativos impregnaba mi actuación en todas las asignaturas, pero mi mayor orgullo, la joya de esa corona cuyo número de diamantes parecía carecer de final, era Matemáticas. Antaño era esa faceta suya la que equilibraba mis éxitos en otras asignaturas, pero, mientras ese invierno le iban dando continuas malas noticias, por mi parte solo recibía buenas. Cada vez que me sentaba para hacer un examen, los lápices, divinamente inspirados, escribían por mí unas respuestas que nadie podía discutir. Mis proyectos ya eran, como sueño, vencerla en el control final y certificar así mi neta e indiscutible superioridad. ¿Qué podía salir mal? Era exactamente lo mismo de los demás controles.

 

                                                            Pero la suerte se me esfumó. La semana anterior, tras varias perfectas, estuve enferma, tuve problemas familiares y, el mayor disgusto de mi vida, murió mi perrito, Lic. Creo que nunca he vuelto a ser la misma. A pesar de todo, en todas las pruebas que hicimos antes seguí batiéndolos a todos, empleando el escasísimo tiempo que tenía estudiando como una loca. Sin embargo, el día del control dije basta. Al final de él tenía claro que iba a suspender. Los días siguientes me volvió el animo y pensé que no me había ido tan mal.Pero las esperanzas no borraron ninguna de las numerosas cruces rojas que adornaron el examen. Tampoco impidieron que, in extremis, en el último momento, Irene superara mi nota cuando unos días antes cualquier posibilidad era contraria, que en la siguiente y última evaluación, se empeñara a fondo y demostrara por qué todos (me excluyo) la llamaban la Calculadora sin Pilas, ni que aquella ‘masacre’, como es lo que fue, me hundiera anímicamente en todas las demás asignaturas, repitiera curso, conociera a unos nuevos compañeros que, más que procurarme su amistad, me cubrieron de burlas y aislaron de ellos hasta la saciedad, hubiera de sollozar nuevamente una noche de verano. Pero ya la tercera vez que cursas, a la fuerza es imposible repetir, y ya nada me detuvo, pero la herida, aunque cicatrizada, ya no se borrará jamás. 

 

                                                        Jamás… Aun siendo consciente de la gravedad de la situación a la que venía a enfrentarme, una sonrisa no pudo evitar aflorar en mis labios del embuste. El plan era tan claro como las gotas que caían: si recordaba bien mi viejo horario escolar, en cinco minutos tocaría el ‘timbre tenebroso’; el que finalizaba el recreo y daba comienzo a la última ronda de clases. El día y la hora estaban bien escogidos: era el patio antes de aquel legendario control de mates, como tanta gente estudiando y pidiendo extensos resúmenes de último minuto delataba. Por el contrario, yo saltaba y reía aún mientras pudiera. ¿No estaba a las puertas de un desastre? Recapacitemos. Había tragado mates durante seis años más. En ellos usé una y mil veces aquellas fórmulas. Y no solo eso; en el examen prácticamente copiaría. Había guardado en la mente como un recuerdo imborrable cada una de las preguntas, tenía talladas en mármol inmarcesible cada una de las respuestas, las anotaciones… Había esperado siglos aquel momento y mientras cruzaba la puerta del colegio, comprobé que tras tantos años de espera no iban a traicionarme. Miré el reloj. Faltaban dos minutos y treinta y tres segundos para mi venganza. Treinta y dos. Treinta y uno. Exhalé aire; sí, definitivamente Eduardo había hecho un buen trabajo.

 

                                            Entonces, no tuve mejor idea que escrutar en busca de mis compañeros. Amadeo, intentando mantener la calma, la perdía gritando por un desesperado resumen rápido. Isabel ya se había rendido y planeaba con otras el fin de semana. Irene estudiaba como una loca para un examen en el que sacaría más nota, pero no la acostumbrada.Aquello último, con sadismo, me hizo sonreír. Miré el reloj. Dos minutos exactos. Volví a levantar la vista y, esta vez, lo que vi me heló la poca sangre que aún tenía caliente. Vi algo dantesco. Vi algo imposible. Me vi.