Publicado en Proyecto Sacheto

Proyecto Sacheto

                                                               ¡Qué apacible, qué lejano y diminuto es el mundo en este momento! Cuando se sale de ese edificio maldito al que se entra cuando aún ni el amanecer ilumina el rocío matutino, cuando el sol de verano inunda con suavidad y lentitud los campos de trigo a los que la primavera y sus heladas lluvias han ido sacando lentamente de su letargo, cuando los gritos en el restaurante quedan helados en el tiempo, cuando el lento e inexorable ‘tic-tac’ del reloj se difumina hasta ser indistinguible de un goteo resonando inmisericorde en la soledad de una alcantarilla, cuando todos los problemas, el ruido y el dolor quedan atrapados, de golpe silenciados, tras una puerta cuyo pomo se gira con la misma delicadeza y afán que si de los labios de una bella dama besar se tratara… ¿hay, para el ser humano, más feliz momento que el de sentirse al fin solo y a salvo?

 

                                                       Y ya el día agoniza, el ocaso y el bello atardecer ruegan, con débil e inaudible quejido, ser inmortalizados, el frío y la acción de la mañana van siendo lentamente reemplazados por el calor y olor de un descafeinado que inunda con su aroma y calmo espíritu del salón las paredes carmesís.Toma cada cual su asiento y comienzan, sin moverse de él, a viajar por el mundo. Algunos se hallarán, para su espanto, en las costas mediterráneas que miran al Mar de Dios, contemplando estupefactos hasta dónde la estupidez humana de llegar es capaz. Otros habrán, conozca el Señor la ruta, llegado a este humilde reino y mientras intentan entender cuál misión es, la que la fortuna deparado aquí les ha, se cierran a sus espaldas garras del color de la noche que mantenerle en su sitio para siempre intentarán. Habrá incluso alguno que (sea la excepción y no) planee sobre las vidas ajenas y sobre ellas rija, sintiéndose señor y dios, capaz de opinar y decidir sobre ellas, con el poder de convertir algo en universal o condenarlo al más negro de los desconocimientos. ¡Qué sencilla y pulcra, como de un diamante las capas, es la vida cuando uno bajo escarlatas tejas que nadie va a poder derribar se sabe!

 

                                                    Pero la vida prosigue, con su tétrica y acompasada marcha, así que el viento se lleva cuanto sobre. Hay memorias que se extinguen tan pronto como la sombra de los sauces del jardín dejan de ver sus huellas. Su vida, cual hilo, se rompe en silencio y se funde a tantas e irremplazables pérdidas que ocurren al unísono. Pero hay otras que pugnan hasta el último aliento por vivir para siempre en el corazón de otros. Esta es la historia de un pueblo cuya memoria nunca debe ser olvidada: se llamaban sachetos. Nacieron casi como un juego, como los gorjeos de dos niños, varón y fémina, que crecieron entre dulces miradas de amor que mutuamente se dirigían, mientras escuchaban las leyendas sobre una isla paradisiaca, Skoysa, donde la vida era un regalo celestial, inagotable, y, de mayores, mientras todos sus antiguos compañeros de juego les llamaban saip quen’s (pareja loca), soñaron, no como codiciosos, sino como sueñan los soñadores, con visitarla algún día, y en cuerpo y alma él y ella a esa tarea se dedicaron, coronando un día su esfuerzo. Todo se pintó rosa. Pero los sueños, sueños son, y su lírica historia de amor encalló en una playa de arena blanca de Skoysa al poco de llegar, rompiendo la guadaña oscura lo que la vida fue incapaz de partir. Pero su locura, sus deseos, su proyecto, aún más un mal chiste que un pensamiento, traspasó su mano y fue el emblema de las tantas generaciones. El espiritú que tanto se cuidaron en transmitir, ya fuera el miedo de la piadosa Adagi o la audacia del resolutivo Eldón, quedaría en la memoria de primero unas decenas, luego miles, y cuando el paso del tiempo se tornó anciano, millones de hombres y mujeres que no tardarían en hacer lo que ellos nunca pudieron.

                                                     La civilización sacheta se extendería, ya fuera como nómadas errantes, el poderoso imperio cuartil que de manera tan trágica y brutal pereció en un mundo que no era el suyo, sin piedad, a manos de cuantos agurdaron la oportunidad de repartirse el pastel cuyas piezas consideraban por derecho divino suyas desde hacía tiempo, los audaces mitarchos que durante dos siglos, desde su base en Rácphanus, incursionaron y plantaron cara hasta la extenuación a los nuevos dueños del mundo o, tras mucho tiempo de rencor, rumiando venganza, el vasto imperio de Arguiche y José Javier, cumbre de la cultura sacheta, una de las potencias hegemónicas entre las 75 Civilizaciones, y dotado de enormes recursos y potencial humano para hacer cumplir sus designios en cualquier centímetro de sus fronteras, pero también envuelto en grandes reformas, algunas suaves y otras más radicales, así como sin el poder real para dominar indefinidamente y sin pausas, un puesto acosado y hostigado, cuando no abiertamente devastado, por incontables reinos deseosos de agregarlo a su larga serie de victorias. Pero mientras duró y dure el sueño, las aventuras, las grandes victorias y las espantosas derrotas, las crisis de pesadilla o las bonanzas sin igual recorrieron las llanuras de Lip Son tan rápido como los caballos de los mensajeros sachetos fueron capaces de transmitirlas entre la frontera y la capital de turno. La historia que quedará siempre escrita será la de las grandes decisiones que marcaron el destino de cada época, pero en la historia popular que me dispongo a contar yace lo que había detrás de ellas. Los bailes en enormes salones presididos por espejos, los discursos que erizaban la piel en el Senado, los amaneceres que acariciaban las cortinas de los lechos bajo los cuales habían transcurrido noches de placer, las historias de amor imposibles, las cartas que se escribían dos enamorados a los que el destino lejos confinó, las noches en el teatro,… Todas las habitaciones quedaron con el paso del tiempo vacías, añorando cuanto había pasado antes, pero cada nueva generación la llenó con su espíritu y ganas de vivir.

 

                                                                 Pero no todo en la vida es disfrute y a veces hubo que empuñar las armas para defender ese trozo de paraíso perpetuado en una tierra de lágrimas y dolor. La organización varió mucho, pero los generales sachetos siempre se prometieron a combatir con unos códigos de honor que, en el resto del mundo, iban siendo abolidos por falta de utilidad material. Delia, Tildakril, Manon, Van,… Las dos primeras reinas no vacilaron en empuñar las armas en defensa de sus respectivos pueblos y demostrar las debilidades del ejército sacheto al que cada una se enfrentó,no no dudando en exterminar cuanto vino contra ellas antes de que las tornas se invirtieran y ambas padecieran la furia sacheta. Manon sufrió constantes hostigamientos devo-arguichos, pero nunca se rindió, mientras que Van resultó invicto durante un siglo y a punto estuvo de conquistar Mitarch al final de su reinado. Otros, como Max, arrasaron las tierras sachetas durante una temporada, volvieron cargados de botín y, en su segundo intento, se vieron con un rival a su altura, como fue el caso de la general Arfi. En cuanto a quienes decían ser amigos y no hicieron más que obstaculizar la tan ansiada paz de Sacháu, como los reinos de Algu, Meilui, Yema, Raq, Luda, Cri…todos, en algún u otro momento, terminaron experimentando todo el poderío de su rival. Bueno, no todos. Uno, por la vastedad de su cultura y del filo de sus espadas, jamás oyó una palabra en sacheto que no se pronunciara dentro de las paredes de la embajada.

 

                                                  Meláncolica o alegre, triunfal o decadente, silenciosa o fiestera, piadosa o iconoclasta, lo cierto es que las calles  sachetas, ya fueran las de Rácphanus o las de Lukó, nunca dejaron de estar abarrotadas, y entre los chascarrillos y rumores, se forjó la leyenda de personas de carne y hueso que se convirtieron en mito. Estos días me dispongo yo a retroceder en el tiempo y contar su verdadera historia…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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